Praga en un día
9 h de ruta5 paradasMejor: De abril a junio y de septiembre a octubre. Julio y agosto son gentíoActualizado julio de 2026
Subir es todo el guion del día en Praga: se empieza abajo, en la ciudad vieja, se cruza el río y se acaba en lo alto del castillo. Va en ese orden por una razón práctica: el puente de Carlos a las nueve de la mañana y el puente de Carlos a mediodía son dos sitios distintos, y solo uno de ellos se puede cruzar sin ir en fila india.

Todo cae dentro de un paseo de una hora larga si no te paras. Lo que come el tiempo son las colas, el castillo tiene control de seguridad, y las cuestas, que aquí son de verdad.
La ruta, parada a parada
5 PARADAS- 01
El reloj astronómico, a las nueve
El orloj se montó en 1410 en el muro sur del ayuntamiento y sigue dando la hora seis siglos después, que es lo que lo hace único: hay relojes astronómicos más aparatosos, pero ninguno tan viejo y todavía en funcionamiento. A cada hora en punto se abren dos ventanucos y desfilan los doce apóstoles mientras un esqueleto tira de una cuerda.
El espectáculo dura menos de un minuto y suele decepcionar a quien esperaba más. Lo que merece la pena es lo de abajo. La esfera del calendario, con los doce meses pintados por Josef Mánes, es una copia: el original de 1866 se guarda en el museo de la ciudad porque el sol y la lluvia lo estaban borrando.
A las nueve de la mañana la plaza todavía se puede cruzar. A mediodía hay que verlo desde tres filas atrás, con el brazo de alguien en la nuca.
- 02
El barrio judío, Josefov
El cementerio viejo no se olvida. Durante más de tres siglos fue el único terreno donde la comunidad judía de Praga podía enterrar a sus muertos, y como no se podía ampliar, se enterró hacia arriba: capa sobre capa de tierra, hasta doce niveles en algunos puntos. Por eso las doce mil lápidas visibles están inclinadas y apiñadas unas contra otras, empujadas por el suelo que subía.
La sinagoga Pinkas de al lado tiene los nombres de casi ochenta mil judíos de Bohemia y Moravia asesinados en el Holocausto escritos a mano en las paredes, apellido por apellido. Los borraron durante el régimen comunista con la excusa de la humedad y se volvieron a escribir en los años noventa.
Las entradas del circuito son conjuntas y conviene reservar: es de las pocas cosas de Praga que se agotan.
- 03
El puente de Carlos
Carlos IV puso la primera piedra en 1357 y sustituyó a un puente románico que se había llevado una crecida. Aguantó donde el anterior no, y hoy es peatonal: dieciséis arcos, dos torres y treinta estatuas barrocas que se fueron colocando a partir de 1683. Casi todas las que ves son copias. Los originales están en el Lapidárium, a salvo de la contaminación.
La estatua que la gente toca hasta dejarla brillante es la de san Juan Nepomuceno, tirado al río desde este mismo puente por orden de Wenceslao IV. Frotar la placa para pedir un deseo es una costumbre del siglo XX, no medieval: se la inventaron los guías.
A primera hora hay pintores montando los caballetes y niebla subiendo del agua. A partir de las once es una riada de gente en las dos direcciones.
- 04
Malá Strana
Cruzado el puente empieza la ciudad pequeña, que de pequeña tiene poco: son palacios barrocos de la nobleza que se construyó aquí para estar cerca del castillo, con patios que se pueden atravesar y jardines escalonados por la ladera. La iglesia de San Nicolás, con su cúpula verde, es de las cosas más desmesuradas que hizo el barroco centroeuropeo.
Aquí está también el muro de Lennon, un paredón que se llenó de pintadas tras el asesinato del beatle en 1980 y que la policía comunista borraba una y otra vez sin conseguir nada.
Se sigue pintando encima, así que nunca lo ves igual dos veces.
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El castillo, y la catedral de seiscientos años
La palabra castillo se queda corta para siete hectáreas con palacios, iglesias, jardines y una calle entera de casitas. Sigue siendo la sede de la presidencia checa, así que hay guardia y control de seguridad en las entradas, y eso es lo que hace cola.
Dentro está la catedral de San Vito, que se empezó en 1344 y se terminó en 1929. Casi seiscientos años, con siglos enteros de parón: la fachada oeste y las torres son del XIX y el XX, y se nota si miras la piedra, más clara y más lisa. Dentro está la ventana de Mucha, art nouveau de 1931 en un edificio gótico, y no desentona tanto como debería.
Si te queda cuerda, el Callejón del Oro es una hilera de casas diminutas pegadas a la muralla donde vivieron guardias y orfebres, y donde Kafka escribió durante un invierno en la número 22.
Preguntas frecuentes
¿Se puede ver Praga en un día?
El centro histórico sí, porque es compacto y se anda: ciudad vieja, barrio judío, puente de Carlos y castillo entran en una jornada larga. Lo que no entra es entrar a los interiores con calma. Con un día se elige uno, y lo normal es que sea el circuito judío o el castillo.
¿A qué hora conviene cruzar el puente de Carlos?
Antes de las nueve o después de las nueve de la noche. Entre las once y las seis es una masa continua en las dos direcciones y no se ve ni el río. Al amanecer hay niebla sobre el agua y se cruza casi solo.