Un fin de semana en Venecia
20 h de ruta4 paradasMejor: De abril a junio y de septiembre a octubreActualizado julio de 2026
Murano y Burano son la razón por la que Venecia merece dos días y no uno. Están a media hora y a una hora de vaporetto desde Fondamente Nove, y son dos sitios completamente distintos entre sí y del centro.

Y hay una segunda razón: dormir aquí. Venecia recibe millones de excursionistas que llegan por la mañana y se van a las seis, y a partir de esa hora la ciudad se vacía de una manera que no se puede explicar sin verlo.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
Sábado: el centro
La ruta de la guía de un día, con tiempo para entrar en la Accademia o en el Guggenheim y para perderse por Castello o Cannaregio, que es donde de verdad se ve cómo vive la gente.
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Sábado noche: los bacari
El plan de la noche se llama giro di ombre: ir de bacaro en bacaro tomando cicchetti (bocaditos sobre pan, media sardina, un trozo de bacalao) con una copa pequeña de vino, que aquí se llama ombra, «sombra», porque se vendía a la sombra del campanario de San Marcos, moviendo el puesto según giraba el sol.
Los bacari buenos están en Cannaregio y alrededor del mercado del Rialto, no en San Marcos.
Se come de pie en la barra, se paga poco y se cambia de local cada dos rondas: es la manera veneciana de cenar y sale mucho mejor de precio que un restaurante.
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Domingo: Murano y Burano
En 1291 la República obligó a todos los hornos de vidrio a trasladarse a Murano: la ciudad era de madera y un horno encendido en el centro era una bomba. De paso, concentrar a los maestros en una isla facilitaba guardar el secreto de las técnicas, tenían prohibido salir de la República bajo penas muy serias. Hoy quedan talleres en activo y se pueden ver demostraciones de soplado.
Burano está media hora más allá y es lo contrario: casas bajas pintadas de colores intensos, cada una distinta de la vecina. La explicación tradicional es que así los pescadores distinguían la suya desde la laguna con niebla. Es también la isla del encaje, un oficio casi perdido que aún tiene museo y unas pocas artesanas.
Si queda tiempo, Torcello está a cinco minutos de Burano y fue la primera isla poblada de la laguna: llegó a tener veinte mil habitantes y hoy tiene unas pocas decenas. Queda una catedral del siglo XI con mosaicos bizantinos de un Juicio Final impresionante.
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Domingo tarde: la Venecia sin nadie
De vuelta, en vez de volver a San Marcos, merece la pena andar por Cannaregio y Castello. Ahí está el Gueto (la palabra nació aquí: el barrio donde en 1516 se obligó a vivir a los judíos venecianos era el sitio de una antigua fundición, «geto» en veneciano), con sus casas anormalmente altas porque no podían crecer a lo ancho.
Y ahí se ve el dato que explica la Venecia de hoy: el centro histórico ha pasado de unos ciento setenta y cinco mil habitantes en los años cincuenta a menos de cincuenta mil.
Hay barrios enteros de apartamentos turísticos y farmacias que cierran. Pasear por donde todavía hay colegios y verdulerías es la mejor manera de entender el debate de la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Por qué las casas de Burano son de colores?
La explicación tradicional es que los pescadores pintaban cada casa de un color distinto para reconocer la suya desde la laguna cuando había niebla. Hoy la costumbre está regulada: para cambiar el color de una fachada hay que pedir permiso y te indican qué colores corresponden.
¿Merece la pena dormir en Venecia o hacer una excursión de día?
Dormir, con diferencia. La ciudad recibe millones de excursionistas que llegan por la mañana y se van sobre las seis. A partir de esa hora las calles se vacían y Venecia se parece a lo que fue. Además, quien pernocta en el municipio está exento de la tasa de acceso, aunque tenga que registrarse igual.