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Excursiones desde Río
9 h de ruta4 paradasMejor: De abril a octubre. Y evita los puentes: la carretera se colapsaActualizado julio de 2026
Durante trece años, entre 1808 y 1821, la capital del imperio portugués estuvo en América del Sur. Cuando Napoleón invadió Portugal, la corte entera se subió a unos barcos y se instaló en Río: el rey, la familia real, los ministros, la nobleza y unas diez o quince mil personas. Un imperio europeo gobernado desde el trópico. Es la única vez que ha ocurrido algo así, y de aquello quedaron palacios, instituciones y un país que se independizó poco después con un emperador propio.

A una hora de Río, subiendo a la sierra, está el palacio de verano de aquellos emperadores, porque el calor de la ciudad les resultaba insoportable y se hicieron una corte en la montaña. Y alrededor hay más: una costa de islas y pueblos coloniales al sur, playas salvajes al oeste, y montañas de granito con dedos de roca. Todo a una, dos o cuatro horas, con la única condición de esquivar los puentes, cuando medio Río sale a la carretera a la vez.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
Petrópolis
A una hora de Río, ochocientos metros más arriba y con quince grados menos, está la ciudad que se hizo el emperador de Brasil para escapar del calor. Petrópolis es una ciudad imperial en medio de la selva, con palacio, catedral neogótica, casas de nobles y un río canalizado por el centro.
El palacio de verano es hoy el museo imperial y tiene una particularidad encantadora: se entra en zapatillas de fieltro, que te dan en la puerta y te pones encima del zapato, para no dañar los suelos de madera originales. Así que recorres la corte de un imperio deslizándote. Dentro está la corona del emperador, con más de setecientos diamantes, y sus cosas personales. Y al lado, la casa de Santos Dumont, el aviador brasileño, que se la diseñó él mismo con una escalera cuyos escalones obligan a empezar a subir con el pie derecho.
Un aviso serio: esta zona sufrió deslizamientos de tierra catastróficos en 2022, con cientos de muertos, y en época de lluvias fuertes conviene mirar el parte antes de subir.
- 02
Paraty
Un pueblo colonial del XVIII con las calles empedradas, casas blancas con puertas de colores y sin coches en el centro, entre la selva y el mar. Fue el puerto por el que salía el oro de Minas Gerais hacia Portugal, y esa riqueza es la que construyó esto.
Y tiene un detalle de urbanismo que es una genialidad: las calles del casco están hechas con una pendiente calculada de modo que, cuando sube la marea, el mar entra por ellas y las inunda unos centímetros. No es un fallo: es el sistema de limpieza. El agua entra, arrastra la suciedad y se retira sola. Ocurre en las mareas altas de luna llena y la gente lo espera con las puertas preparadas. Un pueblo que se lava solo dos veces al día desde hace trescientos años.
Está a cuatro horas, así que es un día largo o mejor una noche. De camino está Angra dos Reis y las islas, con Ilha Grande, donde tampoco hay coches y hay playas de selva.
- 03
Las playas salvajes
Hacia el oeste, pasando Barra, la ciudad se acaba y empiezan las playas que no salen en las postales: Prainha y Grumari, dos calas pequeñas con selva atlántica cayendo directamente sobre la arena, sin un solo edificio, protegidas y con olas de verdad.
Es la playa opuesta a Copacabana: no hay paseo, no hay vendedores cada tres metros, no hay edificios de veinte plantas detrás. Hay selva, roca y mar. Prainha es la playa de los surfistas de Río y suele estar tranquila entre semana, el fin de semana se llena y el aparcamiento se colapsa. De camino está la Pedra do Telégrafo, la de la foto del falso acantilado, así que se puede encadenar: la roca por la mañana y la playa después.
Se necesita coche o taxi, porque el transporte público hasta ahí es lento. Y ojo: en Prainha hay olas y corrientes de verdad, no es una piscina. Si no eres buen nadador, quédate donde haya gente.
- 04
Los dedos de granito
A dos horas y media al norte, la sierra que separa la costa del interior se levanta de golpe y produce una de las formaciones más raras de Brasil: unos dedos de granito desnudo saliendo del bosque hacia arriba. El más famoso, el Dedo de Deus, es exactamente eso: una aguja que parece un dedo índice señalando al cielo.
Es el mismo material que el Pan de Azúcar y el mismo fenómeno geológico, pero a otra escala: son montañas de dos mil metros de roca pelada saliendo de la selva atlántica. La zona es un parque nacional y hay senderos de todos los niveles, desde paseos de una hora hasta ascensiones técnicas de escalada.
Aquí nació el montañismo brasileño, a principios del siglo XX, con gente subiendo esas agujas con cuerdas de cáñamo. Hace fresco de verdad, hay cascadas y no hay nadie comparado con la ciudad.
Si te sobra un día y estás harto de playa, esto es lo contrario de todo lo demás de esta lista.
Preguntas frecuentes
¿Qué excursiones se pueden hacer desde Río?
Petrópolis, a una hora subiendo a la sierra: la ciudad imperial que se hizo el emperador para escapar del calor, con el palacio de verano que se visita en zapatillas de fieltro. Paraty, a cuatro horas, un pueblo colonial cuyas calles se inundan a propósito con la marea para limpiarse solas. Las playas salvajes del oeste, Prainha y Grumari, sin un edificio. Y la sierra de los dedos de granito, a dos horas y media.
¿Río fue la capital de Portugal?
Sí, entre 1808 y 1821. Cuando Napoleón invadió Portugal, la corte entera (el rey, la familia real, los ministros, la nobleza, unas diez o quince mil personas) huyó en barco y se instaló aquí, y durante trece años un imperio europeo se gobernó desde América del Sur. Es la única vez en la historia que ha pasado. De ahí vienen los palacios y las instituciones del centro, y el palacio de verano de Petrópolis.