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Dónde comer en Río
3 h de ruta4 paradasMejor: La feijoada, sábado al mediodía. Y después, nada másActualizado julio de 2026
El açaí que se come en Río no tiene nada que ver con el cuenco de desayuno saludable que se vende en Europa. Aquí se sirve helado, con la textura de un sorbete, mezclado con jarabe de guaraná para endulzarlo, y se come de postre o de merienda, muchas veces con plátano y granola por encima. Es dulce y es una bomba calórica. La versión sin azúcar, presentada como superalimento de desayuno, es un invento posterior y de exportación.

Eso resume bien cómo funciona la comida aquí: lo que llega fuera es una versión editada. Río come con una simplicidad que sorprende (la playa, el bar de la esquina, el zumo de fruta, la cerveza helada) y su gran plato es un guiso de sábado que anula el día. No es la capital gastronómica de Brasil, que es São Paulo y no hay discusión. Es otra cosa: aquí se come en la calle, de pie o en una silla de plástico, y eso es la mitad de la gracia.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
La feijoada del sábado
Alubias negras cocidas durante horas con varias partes del cerdo, servidas con arroz, col rizada frita, farofa, naranja y salsa de guindilla. Es el plato nacional y en Río se come el sábado al mediodía, en un boteco o en casa de alguien, con caipirinha antes y durante y con samba de fondo.
Dos cosas que hay que saber. La primera: la naranja no es adorno. Está ahí para cortar la grasa y hay que comérsela entre bocado y bocado, es parte del plato, no la guarnición decorativa. La segunda: esto anula la tarde y no es una exageración. Se come feijoada y después no se hace absolutamente nada, y los cariocas lo asumen como un hecho de la naturaleza. Nadie planifica el museo después de la feijoada.
El plan correcto es feijoada al mediodía, playa o siesta por la tarde y salir de noche. Y no la pidas para cenar: aquí eso no se hace, es comida de mediodía y de día sin obligaciones.
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El boteco
El bar de esquina, con mesas de plástico en la acera, azulejos hasta media pared y un ventilador. Es la institución social de Río y donde hay que comer y beber: no en un restaurante con mantel, sino aquí, con la calle delante.
Se pide chopp, que es cerveza de barril, y llega en un vaso pequeño con dos dedos de espuma. Y hay una lógica en ese tamaño ridículo: con este calor, una cerveza grande se calienta antes de acabártela, así que se sirve poca y muy fría, y se repite. El camarero te la va reponiendo sin que la pidas, y va apuntando en un papel o en el posavasos. Para picar: bolinho de bacalhau, pastel, croqueta de carne y, si lo encuentras, un huevo cocido en un bote sobre la barra.
Y hay una regla que sorprende al europeo: en un boteco no se pide la cuenta y se paga cada uno lo suyo. Se pide la cuenta entera, alguien paga y ya se arregla luego. Aquí lo otro se considera una rareza.
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La playa como restaurante
Comer en la playa en Río no consiste en llevarte un bocadillo: consiste en sentarte y esperar. Todo pasa por delante de tu silla y todo se para si levantas la mano. Es un sistema logístico completo funcionando sobre arena.
Lo que pasa: cerveza en una nevera de poliestireno, agua de coco abierta a machetazos delante de ti y bebida con pajita, maíz cocido, queso coalho a la brasa (un queso que no se derrite, ensartado en un palo y tostado en un braserito portátil que lleva el vendedor colgado), gambas a la brasa, açaí, sándwiches, y el mate helado, que en Copacabana lo venden hombres que caminan kilómetros con un bidón a la espalda y sirven en vaso mientras andan.
No lleves nevera ni comida: sería absurdo y además le quitarías el trabajo a mucha gente. La única regla: lleva efectivo suelto, en billetes pequeños, y no bajes la cartera. El dinero del día en el bolsillo del bañador y punto.
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La caipirinha, bien hecha
Lima, azúcar, hielo y cachaça. Cuatro cosas y ninguna es opcional. Y la primera aclaración es la que más falla fuera: la cachaça no es ron. El ron se hace con melaza, que es un subproducto del refinado del azúcar. La cachaça se hace con el zumo fresco de la caña, prensado y fermentado directamente. Es otro destilado, con otro sabor, más vegetal y más áspero. Hacer una caipirinha con ron es hacer otra cosa.
Cómo se hace bien: la lima se corta en trozos y se machaca con el azúcar, no se exprime, para que el aceite de la piel entre en la mezcla. Ese aceite es la mitad del sabor. Luego hielo picado y cachaça.
Y hay un mundo detrás: existen cachaças artesanales envejecidas en maderas brasileñas que no se parecen a nada y que se beben solas, como un buen destilado, no en cóctel. Si te gusta el asunto, pide una de esas en un boteco y pruébala sin mezclar.
Y una advertencia sincera: la caipirinha entra muy fácil, hace un calor húmedo brutal y estás en la playa. Ten cuidado, que el sol y la cachaça juntos son traicioneros.
Preguntas frecuentes
¿Qué se come en Río?
Feijoada el sábado al mediodía, sabiendo que anula la tarde y que la naranja no es adorno: está para cortar la grasa. Chopp y picoteo en un boteco de esquina, con mesas de plástico en la acera. Y en la playa, sin llevar nada: silla alquilada y todo pasa por delante (cerveza, agua de coco, queso a la brasa, mate helado). El açaí de aquí es helado, dulce y de postre, no el cuenco saludable de desayuno que se vende fuera.
¿La cachaça es ron?
No. El ron se hace con melaza, que es un subproducto del refinado del azúcar. La cachaça se hace con el zumo fresco de la caña, prensado y fermentado directamente. Es otro destilado y sabe distinto: más vegetal y más áspero. Hacer una caipirinha con ron es hacer otra cosa. Y hay cachaças artesanales envejecidas en maderas brasileñas que se beben solas, sin mezclar, como un buen destilado.