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Dónde comer en Podgorica
3 h de ruta4 paradasMejor: Se cena tarde y despacio. A las diez todavía se está entrandoActualizado julio de 2026
El vino de aquí se guarda en un hangar de aviones militares, y no es una metáfora: la bodega de Šipčanik, a las afueras, es un túnel excavado para esconder cazas de la fuerza aérea yugoslava, inutilizado en 1999 y reconvertido en bodega porque bajo tierra la temperatura no se mueve en todo el año. Ahí dentro envejece el vranac, la uva tinta de este país.

La comida montenegrina se explica por geografía, que es una manera elegante de decir que este país es muy pequeño y muy variado: en dos horas de coche pasas del mar Adriático a montañas de dos mil metros, y la cocina de la capital recoge las dos. Del lado del monte llegan el jamón ahumado, el queso y la nata cuajada, del lago, la carpa y la anguila, de la llanura de alrededor, el vino. Podgorica no tiene una cocina propia: tiene la del país entero a media hora.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
El vranac, y el hangar donde duerme
El vranac, uva tinta autóctona, aparece en tu mesa en todo el país, lo pidas o no. Es oscuro, con cuerpo y bastante tánico, y si en Montenegro pides «vino tinto» sin más, esto es lo que llega. Merece la pena saber su nombre aunque solo sea para pedirlo bien.
Lo que lo hace visitable es dónde se guarda. Šipčanik es un túnel de hormigón excavado como hangar subterráneo para los aviones militares yugoslavos. Quedó destrozado en los bombardeos de 1999 y en vez de sellarlo lo llenaron de barricas de roble, porque bajo tierra la temperatura es constante todo el año.
Encima está el viñedo del Ćemovsko polje, una de las extensiones de viña continua más grandes de Europa, plantada en una llanura pedregosa a las puertas de la capital. Beber tinto dentro de un búnker es la excursión más rara y más buena que tiene esta ciudad.
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El pršut de Njeguši
El jamón curado de este país tiene un pueblo con nombre y apellido: Njeguši, en la falda del Lovćen, camino de Cetinje a Kotor. No es marketing rural. El pueblo está en un collado por el que el aire salado del Adriático sube y se cruza con el aire seco de la montaña, y esa corriente concreta es la que seca el jamón. Por eso se hace ahí y no en el valle.
Se ahúma con madera de haya y se cura, y se come en lonchas finas con queso de Njeguši y a veces con kajmak, una nata cuajada y salada que se unta en el pan y que engancha a todo el mundo. En Podgorica lo tienes en cualquier restaurante decente como entrante, y ese plato de embutido y queso es el aperitivo nacional.
Si vas a Kotor por Cetinje pasas por el pueblo: parar es obligatorio y cuesta veinte minutos.
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La carpa del lago
Aquí conviene deshacer una expectativa: Montenegro tiene costa, pero Podgorica no, y el pescado de la capital no viene del Adriático sino del lago. La carpa y la anguila del Skadar son un plato con siglos detrás, de los pueblos de pescadores de la orilla, y no se parecen en nada al pescado de mar: son más grasos, más fuertes, y se preparan guisados, en sopa o ahumados.
La forma buena de comerlo no es en el centro de Podgorica sino yendo al lago: en Virpazar y en los pueblos de la orilla hay casas de comidas que trabajan lo que se pesca ahí mismo.
Y hay una vuelta de tuerca que casi nadie espera: la carpa ahumada con vranac es una combinación local clásica, pescado con tinto, que suena mal y funciona. Si vas al Skadar a ver pelícanos, come ahí. Es la misma excursión.
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Cenar tarde, y la ración
Dos advertencias prácticas que valen más que una lista de restaurantes. La primera es la hora: aquí se cena tarde y despacio, y a las diez de la noche todavía hay gente entrando. Si te presentas a las siete vas a cenar solo, y en verano con razón, porque hasta que no se pone el sol no se puede estar en la calle.
La segunda es el tamaño. Las raciones montenegrinas son notoriamente grandes, sobre todo las de carne a la brasa, y un plato principal da de comer a dos personas sin exagerar. Pedir uno por cabeza más entrantes es un error de principiante que se paga con comida en el plato. Lo sensato: un plato de pršut y queso para compartir, un principal cada dos, y vranac.
Y el ritual que no falla es la kafa, el café turco, que se toma despacio y sin prisa por levantarse: aquí ocupar una mesa dos horas con un café es una costumbre, no una grosería.
Preguntas frecuentes
¿Qué se come en Podgorica?
Lo del país entero, porque todo está a media hora: pršut ahumado y queso de Njeguši, kajmak (nata cuajada salada), carne a la brasa en raciones enormes, carpa y anguila del lago Skadar (no pescado de mar, la capital no tiene costa) y vranac, la uva tinta local. Un plato principal da para dos personas: no pidas uno por cabeza.
¿Se puede visitar una bodega cerca de Podgorica?
Sí, y es lo más raro que tiene la ciudad: Šipčanik, a las afueras, es un túnel excavado como hangar subterráneo para aviones militares yugoslavos, destrozado en los bombardeos de 1999 y reconvertido en bodega porque bajo tierra la temperatura es constante todo el año. Alrededor está el viñedo del Ćemovsko polje, de los mayores de una sola pieza en Europa.