Comer y beber en Lisboa
3 h de ruta4 paradasMejor: Junio por las fiestas y las sardinasActualizado julio de 2026
El bacalao es el plato nacional de Portugal y hay quien dice que existe una receta por cada día del año, pero el pescado no sale del mar de aquí: llega seco y salado desde Noruega e Islandia, y así ha sido desde que los barcos portugueses lo pescaban en Terranova, al otro lado del Atlántico. Es una de esas cosas de Lisboa que solo se entienden mirándolas dos veces.

Con el resto de la mesa pasa parecido: casi todo lo bueno es humilde de origen (pescado en conserva, sardina a la brasa, un pastel de convento) y se ha vuelto seña de identidad. La regla para comer bien es la de siempre: donde hay portugueses comiendo.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
El bacalhau, el «fiel amigo»
Los portugueses lo llaman el fiel amigo porque durante siglos fue la proteína que aguantaba sin nevera: seco en salazón, dura meses. Antes de cocinarlo hay que desalarlo en agua uno o dos días. De ahí salen platos como el bacalhau à brás, deshilachado con patata paja y huevo, o à Gomes de Sá, con patata y cebolla al horno.
La paradoja es que Portugal apenas tiene bacalao en sus aguas: se pescaba lejísimos, en Terranova y Groenlandia, con una flota que fue casi mítica, y hoy se importa sobre todo de Noruega e Islandia.
El plato más nacional se hace con un pescado que nunca fue de aquí.
- 02
El pastel de nata y los de Belém
La receta salió de un convento: los monjes de los Jerónimos usaban clara de huevo para almidonar los hábitos y les sobraban yemas a montones, así que hacían dulces. Cuando en 1834 el Estado cerró las órdenes religiosas, la receta pasó a una azucarería de al lado, que en 1837 empezó a vender los pasteles y sigue haciéndolo en el mismo sitio.
Por eso hay dos nombres para lo mismo. Solo esa casa, la Fábrica dos Pastéis de Belém, puede llamarlos «Pastéis de Belém», con su receta que dicen guardar bajo secreto, en todo el resto del país, y del mundo, son «pastéis de nata».
Los de Belém tienen fama, pero por la ciudad hay pastelerías que los hacen igual de buenos o mejores, y sin cola.
- 03
La conserva y el mercado
La conserva de pescado no hace aquí de recurso de emergencia: sardina, caballa, atún o mejillón en lata, con buen aceite, es un aperitivo que se pide en tascas y bares con una copa de vino. Hay tiendas centenarias dedicadas solo a eso, con las latas apiladas como en una farmacia antigua.
El Mercado da Ribeira, junto a Cais do Sodré, es el gran mercado histórico de la ciudad.
Desde 2014 la mitad es el Time Out Market, una nave con puestos de cocineros conocidos: está bien montado pero se ha vuelto muy turístico y con cola.
La otra mitad sigue siendo mercado de fruta y pescado por las mañanas, y ahí es donde compra el barrio.
- 04
La ginjinha y las sardinas de junio
La ginjinha, licor de guinda dulce y fuerte, se bebe de un trago en garitos minúsculos donde solo se sirve eso. El más famoso, junto al Rossio, abrió en 1840 y no tiene sitio para sentarse: se pide en la barra, «com ou sem», con o sin la guinda en el fondo del vaso, y se bebe en la calle.
Y si vienes en junio, coincides con las Festas de Lisboa: la noche del 12 al 13, por San Antonio, la Alfama y la Madragoa se llenan de humo de sardina a la brasa, música y desfiles de barrio, las marchas populares, que bajan por la Avenida da Liberdade.
Es cuando la ciudad come sardina en la calle sin excepción.
Preguntas frecuentes
¿Qué hay que comer en Lisboa?
Bacalao en cualquiera de sus formas, à brás o à Gomes de Sá, un pastel de nata caliente, pescado en conserva de aperitivo y, si es junio, sardina a la brasa en la calle. Para beber, vino verde o una ginjinha de pie junto al Rossio. Casi todo es humilde de origen y esa es la gracia.
¿Cuál es el pastel de nata auténtico?
Todos, en realidad. La receta viene del convento de los Jerónimos y desde 1837 la vende la Fábrica dos Pastéis de Belém, la única que puede llamarlos «Pastéis de Belém». En el resto del país son «pastéis de nata» y muchos están igual de buenos. Vale la pena probar los de Belém, pero no son los únicos buenos.