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Punta Cana en un día
9 h de ruta5 paradasMejor: De diciembre a abril: menos sargazo, menos lluvia, menos calorActualizado julio de 2026
Punta Cana no se ve en un día porque, en el sentido clásico, aquí no hay nada que ver: son cincuenta kilómetros de playa con una hilera de resorts detrás y ni un casco histórico. Lo que sí se puede hacer en un día es lo contrario de lo que te vendieron, que es salir de la pulsera. Y en cuanto sales, hay bastante.

Antes, el dato que lo explica todo: esto no existía. En 1969 aquí había manglar, jungla y ni un metro de carretera, y un grupo de inversores compró cincuenta y ocho kilómetros cuadrados de costa porque nadie los quería. El primer hotel abrió en 1971 y el aeropuerto se lo construyeron ellos en 1984, porque el Estado no lo hacía. Todo lo que vas a pisar hoy tiene menos años que tus padres.
La ruta, parada a parada
5 PARADAS- 01
Bávaro al amanecer, antes de las tumbonas
A las seis y media de la mañana la playa de Bávaro es otra cosa: no hay tumbonas puestas, no hay música y hay gente echando redes a pie desde la orilla, que es como se ha pescado aquí siempre. Sale el sol por el mar, de frente, y en el trópico eso dura veinte minutos exactos.
Aprovecha para mirar el agua y entender por qué es así. Enfrente, a unos cientos de metros, hay una barrera de coral que rompe las olas antes de que lleguen: por eso el mar de esta costa está plano y turquesa y por eso pusieron los hoteles justo aquí y no cinco kilómetros más al norte.
La postal tiene una explicación geológica y está a la vista.
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Hoyo Azul
Un cenote, pozo natural, se forma cuando la caliza se disuelve y el techo de la cueva se cae, dejando el agua dulce a la vista. Este está al pie de un acantilado de unos setenta y cinco metros y el agua es de un azul que no parece real y que no lo es del todo: el color viene del mineral en suspensión y del fondo blanco, no de un filtro.
Se llega por un sendero de un cuarto de hora entre vegetación y hay que ir en bañador porque lo que se hace aquí es meterse.
El agua está fría de verdad, que después de tres días de piscina a temperatura de sopa es exactamente lo que necesitas. Está dentro de un parque privado, como casi todo por aquí.
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Los Ojos Indígenas
Una reserva de mil quinientas hectáreas con doce lagunas de agua dulce comunicadas bajo tierra, que es lo que había aquí antes de que hubiera cualquier otra cosa. Los taínos, que vivían en esta isla antes de 1492, las llamaban ojos, y de ahí el nombre.
En cinco de ellas te puedes bañar.
Es lo más parecido a ver Punta Cana sin Punta Cana: un sendero entre árboles, agua transparente y silencio, a diez minutos de una avenida de hoteles. Casi nadie viene porque no sale en el folleto del resort. La reserva la mantiene la fundación del mismo grupo que construyó todo esto, lo cual tiene su ironía y también tiene su mérito: sin ellos, aquí habría hoteles.
- 04
Macao, la playa que no es de nadie
Macao no pertenece a ningún hotel, la única playa grande de esta costa que se libra, y se nota en todo: hay dominicanos, hay puestos de pescado frito en la arena, hay perros y hay olas, porque aquí la barrera de coral se abre y el mar entra de verdad. Es también la playa donde aprende a surfear todo el que aprende por aquí.
La diferencia con Bávaro no es la arena, que es la misma: es que en Macao pagas cada cosa que consumes y hablas con quien te la vende. Después de tres días de todo incluido, eso desconcierta y luego se agradece.
Lo que hay que saber: hay corriente, no hay socorrista en todas partes y la gracia de la playa es exactamente lo que la hace menos plácida.
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Cenar fuera de la pulsera
La comida dominicana se queda fuera del resort, y no es una crítica: el bufé cocina para veinte nacionalidades a la vez y eso tiene un precio. Lo que se come aquí de verdad es la bandera (arroz blanco, habichuelas y carne, todos los días del año) y por la mañana mangú, que es plátano verde majado, con los tres golpes: queso frito, salami y huevo.
Para eso hay que salir a un comedor de carretera o a Higüey, el pueblo de verdad que está a tres cuartos de hora. Pide una Presidente «vestida de novia», que es la cerveza tan fría que la botella sale escarchada, el nombre no es folclore, es lo que se dice en la barra.
Y cuidado con la cuenta en los sitios formales: al precio de la carta se le suman un 10 % de servicio legal y un 18 % de impuesto.
Preguntas frecuentes
¿Qué se puede hacer en Punta Cana aparte de la playa?
Hoyo Azul, un cenote al pie de un acantilado, la reserva de los Ojos Indígenas, con doce lagunas de agua dulce, Macao, la única playa pública grande de la costa, con olas, y salir a comer al pueblo. Casi todo lo interesante empieza al salir del resort.
¿Desde cuándo existe Punta Cana?
Desde 1969, cuando un grupo de inversores compró cincuenta y ocho kilómetros cuadrados de manglar y jungla sin carreteras. El primer hotel abrió en 1971 y el aeropuerto lo construyeron los propios promotores en 1984 porque el Estado no lo hacía. Antes de eso, aquí no había nada.
¿Por qué el mar de Punta Cana está siempre tan tranquilo?
Por una barrera de coral que está a unos cientos de metros de la orilla y rompe las olas antes de que lleguen. Por eso el agua es plana y turquesa, y por eso los hoteles se pusieron justo en este tramo. Donde la barrera se abre, como en Macao, hay olas y corriente.