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Qué ver en Fráncfort

6 paradasActualizado julio de 2026

EN CORTO

La noche del 22 de marzo de 1944 desapareció el mayor conjunto de casas de entramado de Europa. Lo que hay que ver aquí cabe andando y se entiende con una sola pregunta: qué haces cuando te has quedado sin ciudad. y la respuesta de aquí fue primero moderna y luego retrospectiva, en ese orden y con cuarenta años entre medias.

El casco viejo reconstruido con las torres de oficinas justo detrás: las dos respuestas de la ciudad en la misma foto
© Thomas Wolf, www.foto-tw.de · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Por eso conviven cosas que no pegan: torres de bancos, una plaza medieval terminada en 2018, la iglesia donde nació la democracia alemana y una fila de museos pagados por comerciantes. No es una ciudad bonita en el sentido en que lo es Heidelberg, y no lo pretende. Es una ciudad legible, que es otra cosa y a veces mejor.

La ruta, parada a parada

6 PARADAS
  1. 01

    La Neue Altstadt, y la discusión que costó veinte años

    Entre la catedral y el Römer hubo durante décadas un edificio de hormigón de los años setenta, feo con ganas, que la ciudad acabó tirando. Lo que hacer con el hueco se discutió veinte años: unos querían arquitectura contemporánea y otros querían el barrio de antes, y ganaron los segundos por muy poco.

    Lo que se hizo entre 2012 y 2018 son treinta y cinco edificios, quince reconstruidos con los planos y las fotos de los originales, hasta las tallas, y veinte de obra nueva que no copian nada pero respetan la escala.

    Merece la pena caminarlo sabiendo cuál es cuál, porque el ejercicio es más interesante que el resultado: es una ciudad decidiendo, en 2018, cuánto pasado quiere tener.

  2. 02

    El Kaiserdom

    La torre roja de arenisca corona el casco viejo y sobrevive como lo más antiguo que queda en pie, aunque también ardió y también se rehízo. Lo importante es lo que pasaba dentro: la Bula de Oro de 1356 fijó que el emperador del Sacro Imperio se eligiera aquí, y a partir de 1562 también se coronara aquí. Diez veces seguidas, hasta 1792.

    La capilla del cónclave, donde se encerraban los siete electores, es una sala pequeña que hoy se cruza en veinte segundos y de la que salía el hombre más poderoso de Europa central. Nunca ha tenido obispo, así que lo de catedral es un título de cortesía.

    Se puede subir la torre: trescientos veintiocho escalones y ninguna piedad con las rodillas.

  3. 03

    La Paulskirche

    En mayo de 1848 se sentaron aquí quinientos y pico diputados elegidos por votación, los primeros de la historia alemana, a escribir una constitución con derechos fundamentales para un país que todavía no existía. Duraron un año: los príncipes recuperaron el poder y el proyecto se deshizo. El texto, sin embargo, es el antepasado directo de la ley fundamental de 1949.

    La iglesia se reconstruyó a toda prisa en 1948, en el centenario, cuando la ciudad todavía estaba en ruinas y fue el primer edificio grande que se levantó: eso dice bastante de las prioridades. Por dentro está desnuda y no se celebra culto. Se entra, se mira una sala redonda y vacía, y se sale en diez minutos.

    Vale la pena por lo que significa, no por lo que hay.

  4. 04

    La casa de Goethe

    Goethe nació aquí en 1749, en una casa grande de familia acomodada, y escribió dentro sus primeras cosas, incluido el Werther. El edificio voló en 1944 como todo lo demás y se reconstruyó piedra a piedra en los cincuenta, en una discusión que ya entonces enfrentó a los mismos bandos que sesenta años después discutirían el casco viejo.

    La diferencia con el resto de la ciudad es que aquí el interior es auténtico: los muebles, los cuadros y la biblioteca se habían guardado fuera de Fráncfort antes de los bombardeos, así que la casa es falsa y el contenido no.

    Se ve en una hora y funciona incluso si Goethe te da igual, porque enseña cómo vivía una familia burguesa alemana del XVIII con bastante detalle.

  5. 05

    El Städel

    Fráncfort nunca tuvo corte, ni príncipe, ni colección real que heredar, y ese vacío explica sus museos: los pagaron los comerciantes. El Städel existe porque Johann Friedrich Städel, banquero, dejó en 1815 su colección entera y su dinero a la ciudad con una condición, que fuera propiedad de los ciudadanos y no del Estado. Sigue siéndolo.

    Dentro hay setecientos años de pintura europea, de Cranach y Vermeer a Monet y Picasso, y una ampliación subterránea de 2012 para el arte contemporáneo con lucernarios redondos que salen al césped de arriba, que es de lo mejor que se ha construido en la ciudad en este siglo.

    Si solo entras en un museo de Fráncfort, entra en este.

  6. 06

    Las torres, y por qué están aquí

    Ninguna otra ciudad alemana tiene rascacielos y esta los tiene por una razón concreta: cuando el país se partió en dos después de la guerra, el dinero se instaló aquí en lugar de en Berlín, y ya no se movió. Hoy están el Banco Central Europeo, el Bundesbank, la Bolsa y un par de cientos de bancos, en una ciudad de apenas setecientas mil personas.

    De todas las torres, solo la Main Tower deja subir al público: doscientos metros y una plataforma sin cristal. Y una cosa que se ve mejor desde arriba que desde ningún libro: las torres no están dispersas, están apretadas en un puñado de manzanas junto a la estación, con el casco viejo a sus pies y campo alrededor.

    Es un skyline del tamaño de un barrio.

Preguntas frecuentes

¿Qué hay que ver sí o sí en Fráncfort?

El Römerberg y la ciudad vieja reconstruida, el Kaiserdom donde se coronaba a los emperadores, la Paulskirche del primer parlamento alemán, el Städel y el mirador de la Main Tower. Todo está a distancia de paseo y da para un día largo.

¿Por qué tiene rascacielos Fráncfort y no el resto de Alemania?

Porque al partirse el país tras la guerra el dinero se instaló aquí y no en Berlín. Hoy están el Banco Central Europeo, el Bundesbank, la Bolsa y un par de cientos de bancos, en una ciudad de unas setecientas mil personas. De ahí los apodos Mainhattan y Bankfurt.

¿Se puede subir a algún rascacielos en Fráncfort?

A la Main Tower, que es la única con mirador abierto al público: doscientos metros y una plataforma al aire libre, sin cristal. Cierra cuando hace mal tiempo porque está a la intemperie. La mejor hora es el final de la tarde, cuando se encienden las oficinas.

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