Qué ver en Milán
5 paradasActualizado julio de 2026
Seiscientos años tardó la catedral. Se empezó en 1386 y la última puerta de bronce se colocó en 1965, con lo cual pasaron por la obra el gótico, el renacimiento, Napoleón, que ordenó acabar la fachada porque se quería coronar dentro, y el siglo XX. En Milán existe una expresión, «fabbrica del Duomo», que significa una obra interminable. La sacaron de aquí.

Y esa es la clave para entender la ciudad: Milán no es Roma ni Florencia, no tiene un centro histórico congelado, y lo que tiene lo ha ido haciendo y rehaciendo según le convenía. Es la ciudad italiana que trabaja, la que bombardearon más que a ninguna otra del norte, la que reconstruyó a toda prisa y la que inventó el aperitivo para no cenar. Se ve en un día y engaña: hay más de lo que parece.
La ruta, parada a parada
5 PARADAS- 01
El Duomo
El Duomo carga más estatuas que ninguna otra catedral del mundo: unas tres mil cuatrocientas, más ciento treinta y cinco agujas y dos mil doscientas gárgolas. Y todas son distintas. Ese exceso es exactamente el efecto que buscaba: se pagó con las donaciones de la ciudad durante seis siglos y cada donante quería la suya.
El mármol es rosado y viene de Candoglia, en el lago Maggiore, de una cantera que Gian Galeazzo Visconti le entregó a la catedral en 1387 exenta de impuestos. La Veneranda Fabbrica del Duomo, la institución que gestiona las obras, sigue siendo dueña de esa cantera y sigue sacando piedra de ella hoy para reparar lo que se estropea. Es la misma organización, con el mismo mármol, desde hace más de seiscientos treinta años.
Sube al tejado: es lo mejor y casi nadie lo hace.
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La Última Cena
Leonardo la pintó entre 1495 y 1498 en la pared del comedor de un convento, para que los frailes comieran mirándola. Y cometió, a propósito, el error técnico que la condenó: rechazó el fresco, que dura siglos pero obliga a pintar rápido sobre yeso húmedo, y usó temple sobre yeso seco, para poder corregir. Empezó a caerse a los veinte años.
Lo que hace que siga aquí es una casualidad brutal. En agosto de 1943 los bombardeos aliados destruyeron el refectorio: se vino abajo el techo y tres de las cuatro paredes. La cuarta, la de la Última Cena, la habían protegido con sacos terreros y andamios, y aguantó.
Hay fotografías de la pintura al aire libre, entre escombros, con el cielo encima. Se visita en grupos de treinta y cinco cada quince minutos y hay que reservar con meses.
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La Pietà Rondanini
En el Castello Sforzesco, en una sala grande y desnuda, está la última escultura de Miguel Ángel. La empezó, la dejó, la retomó casi diez años después y en vez de acabarla la reesculpió encima, tallando la piedra que ya había tallado y cambiando por completo lo que quería decir. Estuvo dándole hasta seis días antes de morir, con ochenta y ocho años.
Está sin terminar y es lo que la hace enorme: se ve el brazo de la versión anterior colgando suelto, un resto de lo que fue, y las dos figuras se funden en una sola masa que no se parece a nada del Renacimiento. Parece moderna sin pretenderlo.
Está sola, sin cordón y sin cola, a diez minutos del Duomo. Es la cosa más impresionante de Milán y no está en ninguna lista de las diez principales.
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La Galleria Vittorio Emanuele II
De 1877, con bóveda de hierro y cristal, une el Duomo con la Scala y es el centro comercial cubierto más antiguo del mundo que sigue funcionando. Los milaneses la llaman «il salotto», el salón de la ciudad, porque es donde se quedaba la gente cuando hacía frío o llovía, que en Milán es a menudo.
El arquitecto, Giuseppe Mengoni, se cayó del andamio y murió un día antes de la inauguración, en 1877.
Dentro, en el octógono central, está el mosaico del toro de Turín con un agujero de varios centímetros excavado a base de tacones de gente girando sobre él para tener suerte. Lo reparan cada pocos años y vuelve a salir. Es un dato tonto y es de las pocas tradiciones que se pueden verificar con los ojos.
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El Cimitero Monumentale
Milán tiene un museo de escultura al aire libre, es gratis, está a un paseo del centro y no va casi nadie: el cementerio monumental. Cuando la ciudad se hizo rica con la industria, las familias compitieron por tener el panteón más espectacular, y contrataron a los mejores escultores de cada época durante siglo y medio.
El resultado son hectáreas de mármol con templos griegos, pirámides, obeliscos y una reproducción a escala de la Última Cena en bronce. Hay art nouveau, hay racionalismo, hay realismo socialista. Y hay un monumento sobrio en el centro, en memoria de los milaneses muertos en los campos de concentración, que es lo mejor del recinto.
Se pasea una hora, no cuesta nada y es de las cosas más raras y buenas de la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se tardó en construir el Duomo de Milán?
Casi seiscientos años: se empezó en 1386 y la última puerta de bronce se colocó en 1965. Por la obra pasaron el gótico, el renacimiento y Napoleón, que mandó acabar la fachada porque quería coronarse dentro. En Milán, «fabbrica del Duomo» significa obra interminable, y sale de aquí.
¿Qué es la Pietà Rondanini?
La última escultura de Miguel Ángel, en el Castello Sforzesco: la reesculpió encima de una versión anterior y estuvo trabajando en ella hasta seis días antes de morir, a los ochenta y ocho. Está sin terminar, todavía cuelga un brazo de la versión vieja, y parece moderna sin pretenderlo. Sin cola.
¿De dónde sale el mármol del Duomo?
De la cantera de Candoglia, en el lago Maggiore, que Gian Galeazzo Visconti le entregó a la catedral en 1387 exenta de impuestos. La institución que gestiona las obras sigue siendo su dueña y sigue sacando piedra de ahí hoy para las reparaciones: seiscientos treinta y tantos años con la misma cantera.