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Roma: consejos prácticos

5 paradasActualizado julio de 2026

EN CORTO

Hay dos mil quinientas fuentes de agua potable repartidas por las calles de Roma y son gratis. Se llaman nasoni por la forma del caño, llevan corriendo sin parar más de un siglo y el agua es la misma que llega a los hoteles, con algunas de ellas alimentadas por acueductos romanos que siguen en servicio. Llena la botella y no compres agua en el centro: es el mejor consejo de esta página y no cuesta nada.

Un nasone en la piazza della Rotonda: agua potable y gratis, como en otras 2.500 fuentes
© Lalupa · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Lo demás es de calendario y de normas. En agosto los romanos se van y cierra media ciudad, incluidas las trattorias buenas de barrio. Hay normas municipales que sorprenden y se multan de verdad. Y hay un puñado de timos que llevan décadas funcionando en los mismos cuatro sitios, siempre los mismos.

La ruta, parada a parada

5 PARADAS
  1. 01

    Los nasoni

    Unos dos mil quinientos caños de hierro fundido, curvados como una nariz, de ahí el nombre, gotean sin parar por toda la ciudad desde 1874. No se cierran nunca a propósito: el agua corre para que no se estanque y va a parar al alcantarillado, y esa aparente barbaridad es lo que garantiza que sea potable siempre.

    El truco que hay que saber: tapa con el dedo el agujero del extremo del caño y el agua sale por un agujerito de arriba, en arco, para beber sin agacharte. Está pensado así. Algunos nasoni siguen alimentados por acueductos romanos de dos mil años, incluido el Aqua Virgo que da agua a la Fontana di Trevi.

    Llenar la botella aquí en agosto es la diferencia entre disfrutar Roma y sufrirla.

  2. 02

    Agosto: Roma se va de Roma

    En agosto los romanos se van a la costa y la ciudad se queda en manos de los visitantes. Alrededor del 15, el ferragosto, el cierre es masivo: las trattorias de barrio bajan la persiana dos o tres semanas enteras y cuelgan un cartel escrito a mano. Los sitios que se quedan abiertos son, precisamente, los que viven del turista que pasa una vez.

    Súmale que es el mes más caluroso, que las ruinas no tienen sombra y que el Foro a mediodía en agosto es una plancha de piedra a cuarenta grados.

    Si puedes elegir, ven de abril a junio o en octubre. Si no puedes, dos reglas: haz lo de fuera de ocho a once de la mañana y busca museos e iglesias para las horas centrales, que además están frescas.

  3. 03

    Las normas que se multan

    Roma tiene un puñado de normas municipales que sorprenden y que se aplican de verdad, con multa. La más famosa: en la Escalinata de la Plaza de España no se puede uno sentar desde 2019, y hay agentes con silbato haciéndolo cumplir. La razón es que el mármol de 1725 se estaba deteriorando con el tráfico de gente comiendo encima.

    Hay más: no se puede meter los pies en las fuentes monumentales, ni en Trevi ni en las de Navona, no se puede comer sentado en escalinatas ni monumentos, y no se puede beber alcohol en la calle a partir de cierta hora en algunas zonas. Nada de esto es una trampa: está señalizado y se avisa.

    Y si en algún momento se te acerca un gladiador ofreciéndose para una foto, ten claro que la foto no es gratis y que el precio no lo pones tú.

  4. 04

    Los adoquines

    Los adoquines negros de Roma se llaman sampietrini, son cubos de basalto de unos doce centímetros colocados a mano uno a uno, y llevan haciéndose igual desde el siglo XVI. Son bonitos, son parte de la ciudad y son el peor pavimento urbano de Europa para andar: irregulares, resbaladizos con lluvia y con juntas que se comen los tacones.

    Como en Roma se anda cinco o seis kilómetros al día sin darte cuenta, el centro no tiene metro, el calzado no es un detalle de estilo, es infraestructura. Zapato plano con suela gruesa, y nada de estrenar.

    Y si llueve, ten mucho cuidado: el basalto pulido por cuatro siglos de pisadas es como el hielo, y aquí eso no es una manera de hablar.

  5. 05

    Datos en el móvil

    En Roma el móvil hace dos trabajos. Uno es el mapa, y es más importante que en otras ciudades: el centro es un laberinto medieval sin cuadrícula, sin metro debajo y con calles que cambian de nombre cada cincuenta metros, así que orientarse a ojo no funciona. El otro es reservar: la Sixtina, el Coliseo y la Galería Borghese se compran con hora y se agotan.

    La cobertura es buena en toda la ciudad y en el metro, y en Fiumicino también.

    Una eSIM se activa antes de salir de casa y funciona al aterrizar, que aquí sirve para lo primero que vas a hacer: mirar si tu tren al centro es el Express o el FL1, y a qué estación te deja cada uno, que como ya sabes no es la misma.

Preguntas frecuentes

¿Se puede beber el agua de las fuentes de Roma?

Sí. Los nasoni, esos dos mil quinientos caños de hierro curvado que gotean por toda la ciudad, dan agua potable gratis y es la misma que llega a los hoteles. Tapa con el dedo el agujero del extremo y sale un chorro por arriba para beber sin agacharte. Algunos los alimentan acueductos romanos que siguen en servicio.

¿Es buena idea ir a Roma en agosto?

Es la peor. Los romanos se van, y alrededor del 15, el ferragosto, cierran dos o tres semanas las trattorias de barrio, así que solo queda lo pensado para el turista. Además es el mes más caluroso y las ruinas no tienen sombra. Si puedes, ven de abril a junio o en octubre.

¿Es verdad que no se puede sentar en la Escalinata de la Plaza de España?

Sí, desde 2019, y se multa: hay agentes haciéndolo cumplir. El motivo es que el mármol de 1725 se estaba deteriorando. Tampoco se pueden meter los pies en las fuentes monumentales ni comer sentado en los monumentos. Está señalizado y no es una trampa.

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