Un fin de semana en Roma
20 h de ruta4 paradasMejor: Evita agosto: la mitad de las trattorias de barrio cierranActualizado julio de 2026
El Vaticano es otro país, y esa frase, que suena a dato de trivial, es lo que ordena tu fin de semana: es un Estado soberano de menos de medio kilómetro cuadrado con sus propios sellos, su propia guardia y sus propias colas, y cruzar a él es una jornada, no una parada. Así que el reparto se hace solo: un día de esta orilla y un día de la otra.

Lo que sí conviene reservar con antelación es la Capilla Sixtina, porque entrar sin hora significa una cola de horas al sol. Y el consejo que de verdad cambia el fin de semana no es ese: es que la segunda noche se cene en Testaccio en vez de en el centro. Ahí está la comida romana de verdad, y ahí está la montaña de basura más interesante de Europa.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
Sábado: la Roma antigua
El primer día sigue la línea que no cruza el río: Coliseo y Foro por la mañana temprano, el Panteón a mediodía y Navona y Trevi por la tarde. Son unos cuatro kilómetros andando en total y se hacen sin prisa, con la única condición de empezar a las ocho y media en el Coliseo.
Un apunte que ahorra dinero y disgustos: en Roma hay unas dos mil quinientas fuentes públicas de agua potable, los nasoni, que son esos caños de hierro curvados que gotean sin parar por toda la calle. El agua es la misma que llega a tu hotel y es buena.
Tapa con el dedo el agujero de abajo y sale un chorro por un agujerito de arriba, que es para beber sin agacharte. Llena la botella y no compres agua en ningún sitio del centro.
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Sábado de noche: Testaccio y la montaña de ánforas
En Testaccio hay una colina de treinta y cinco metros de alto que no es una colina: es un vertedero. Durante tres siglos, el aceite de oliva llegaba a Roma en ánforas de barro que no se podían reutilizar porque el aceite las enranciaba, así que se rompían con orden y se apilaban aquí. Se calcula que hay cincuenta y tres millones de ánforas. Es la única montaña del mundo hecha íntegramente de basura clasificada, y lleva ahí mil ochocientos años.
El barrio de alrededor era el del matadero, y de ahí viene su cocina: el quinto quarto, el quinto cuarto, que es lo que los matarifes se llevaban a casa como parte del sueldo cuando los cuatro cuartos buenos ya se los habían llevado los señores.
Casquería, en una palabra. Aquí se cena mejor y por la mitad que en el centro, y en las trattorias no hay carta en seis idiomas.
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Domingo: los Museos Vaticanos
El recorrido tiene siete kilómetros y casi todo el mundo lo hace mal: entra pensando en la Capilla Sixtina y atraviesa a marchas forzadas veinte salas que por separado serían el museo nacional de cualquier país. La galería de los mapas, sola, son ciento veinte metros de cartografía del XVI pintada en las paredes.
Dos cosas prácticas. Reserva hora, porque sin ella la cola rodea la muralla. Y dentro de la Sixtina no se puede hablar ni hacer fotos, y lo hacen cumplir: un vigilante grita «silenzio» cada pocos minutos y así llevan décadas.
Levanta la vista y busca en el techo la mano que no se tocan, que es más pequeña de lo que crees y está en medio de un techo de trescientas figuras. Y luego siéntate en el banco lateral cinco minutos, que es donde de verdad se ve.
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Domingo: San Pedro y la cúpula
En la basílica se entra gratis y es la iglesia más grande del mundo, con un truco de escala que hay que conocer para verlo: parece más pequeña de lo que es porque todo está agrandado en proporción. Los angelotes que sostienen las pilas de agua bendita, que desde la puerta parecen niños, miden casi dos metros. En el suelo de la nave hay marcas con los nombres de las otras catedrales del mundo y hasta dónde llegarían.
Se puede subir a la cúpula, y merece la pena por lo raro de la experiencia: los últimos tramos van entre las dos capas de la cúpula y las paredes se inclinan contigo, así que acabas andando torcido. Arriba está la mejor vista de Roma.
El código de vestimenta se aplica en la puerta y no se negocia: hombros y rodillas cubiertos, hombres y mujeres. Ven vestido de casa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días hacen falta para ver Roma?
Dos, mínimo, y por una razón concreta: el Vaticano es otro país y se lleva una jornada entera entre museos, Capilla Sixtina y San Pedro. Con dos días, uno es de Roma antigua (Coliseo, Foro, Panteón) y otro es del Vaticano.
¿Qué es el Monte Testaccio?
Una colina de treinta y cinco metros hecha enteramente de ánforas de aceite rotas: unos cincuenta y tres millones. El aceite enranciaba el barro y no se podían reutilizar, así que durante tres siglos se rompieron y se apilaron aquí con orden. Es la única montaña del mundo hecha de basura clasificada.
¿Hay que pagar para entrar en la basílica de San Pedro?
No, la entrada es gratuita. Se paga solo para subir a la cúpula. Lo que sí hay es código de vestimenta y se comprueba en la puerta: hombros y rodillas cubiertos, hombres y mujeres. Los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina sí se pagan, y conviene reservar hora.