Un fin de semana en Múnich
18 h de ruta5 paradasMejor: De mayo a septiembre, cuando el Isar y los jardines de cerveza abrenActualizado julio de 2026
Múnich tiene más metros cuadrados de museo bueno que ninguna otra ciudad alemana y, a la vez, un río en el que la gente se baña en pleno centro. Un fin de semana da para las dos cosas siempre que no intentes hacerlas el mismo día: el sábado es de interior y el domingo es de calle.

La única condición es no querer también los Alpes. Están a una hora en tren y tiran mucho, pero meter Neuschwanstein en un fin de semana significa gastar uno de los dos días entero en un autobús y llegar de noche. Si vienes dos días, quédate. Si vienes tres, entonces sí.
La ruta, parada a parada
5 PARADAS- 01
Sábado: la Alte Pinakothek
Los Wittelsbach gobernaron Baviera setecientos treinta y ocho años seguidos, que es un récord europeo, y en ese tiempo compraron mucho cuadro. La Alte Pinakothek se abrió en 1836 para enseñarlo y fue de las primeras galerías públicas del mundo: Luis I la hizo construir con la idea explícita de que otros museos la copiaran, y la copiaron.
Dentro está la mayor colección de Rubens del mundo, la Autorretrato de Durero con el que todo el mundo se cruza en algún libro, Altdorfer, Brueghel. Está en el Kunstareal, un barrio con tres pinacotecas y varios museos más en cuatro manzanas, así que la trampa es intentar dos el mismo día.
No lo hagas: una, bien, y a la calle.
- 02
Sábado: Nymphenburg
El palacio de verano de los Wittelsbach es una fachada de setecientos metros con un parque detrás más grande que el casco viejo, y se llega en tranvía en veinte minutos.
Aquí nació Luis II, el rey de los castillos, en 1845, y aquí está el carruaje dorado con el que se paseaba de noche por la nieve, que explica al personaje mejor que cualquier cartel.
La sala que hay que ver es la Schönheitengalerie: treinta y seis retratos de mujeres que Luis I mandó pintar simplemente porque le parecían guapas, sin importar la clase social, hay hijas de zapateros junto a princesas, y una de ellas, la bailarina Lola Montez, acabó costándole el trono en 1848.
Es un capricho real del XIX contado con toda la cara dura del mundo, y ahí sigue.
- 03
Sábado de noche: la mesa que no es tuya
En una cervecería de Múnich no hay «mesa para dos»: hay bancos largos y te sientas donde queden dos huecos, junto a quien esté. Se pregunta «¿está libre?», te hacen sitio y ya está. A quien viene del sur de Europa esto le parece violento durante diez minutos y luego es lo mejor de la noche.
La excepción tiene cartel y conviene reconocerla: si en la mesa hay un letrero que dice Stammtisch, esa es la mesa de los parroquianos de siempre y no es para ti, aunque esté vacía. Es una institución con siglos y no se discute.
Lo demás es simple: la cerveza se pide por Maß, un litro, y si te la traen con dos dedos de espuma es que está bien tirada.
- 04
Domingo: el Deutsches Museum
Ningún museo de ciencia y tecnología supera a este, montado además en una isla del río, lo cual ya dice algo del tamaño del proyecto. Se fundó en 1903 con una idea que entonces era rara: que la gente normal pudiera tocar las máquinas en vez de mirarlas detrás de un cordón. Sigue funcionando así.
Hay un submarino de verdad partido por la mitad, minas reconstruidas bajo el suelo por las que se anda, aviones colgados y demostraciones de rayos con varios cientos de miles de voltios a horas fijas. No se ve entero: es imposible, y quien lo intenta sale odiándolo. Elige dos plantas.
Y es el plan de domingo perfecto porque en Alemania el domingo no se puede hacer casi nada más.
- 05
Domingo: bañarse en el Isar
El Isar bajaba encajonado en hormigón hasta que entre 2000 y 2011 la ciudad se gastó una fortuna en devolverlo a su cauce natural: quitó los muros, ensanchó el lecho, puso grava. Salió bien, y hoy hay ocho kilómetros de río salvaje dentro de la ciudad en los que se puede uno bañar.
El sitio es el Flaucher, al sur: gravas anchas, sauces, gente haciendo barbacoa y bañándose. El agua viene del deshielo alpino, o sea que está helada en agosto y sigue teniendo corriente, así que no es una piscina y hay tramos con avisos.
Es lo más muniqués que se puede hacer un domingo por la tarde, y es gratis.
Preguntas frecuentes
¿Da un fin de semana para ver Múnich?
Sí, si repartes: un día de museos, el Kunstareal o el Deutsches Museum, y otro de calle, río y jardines de cerveza. Lo que no cabe es añadir los Alpes: Neuschwanstein te come uno de los dos días entero en autobús.
¿Cómo funciona sentarse en una cervecería de Múnich?
Te sientas donde haya hueco, en bancos largos y con desconocidos: se pregunta si está libre y te hacen sitio. La única excepción es la mesa con cartel de Stammtisch, que es la de los parroquianos de siempre y no se ocupa aunque esté vacía.
¿Se puede uno bañar en el río de Múnich?
Sí. El Isar se renaturalizó entre 2000 y 2011 y hay ocho kilómetros de río dentro de la ciudad donde la gente se baña, el sitio clásico es el Flaucher, al sur. El agua es deshielo alpino: está helada incluso en agosto y tiene corriente, así que hay tramos con avisos.