Qué ver en Toronto
4 paradasActualizado julio de 2026
Media ciudad nació fuera de Canadá. Alrededor del cincuenta por ciento de los vecinos de Toronto son inmigrantes de primera generación, hay más de doscientos orígenes étnicos censados y se hablan más de ciento sesenta idiomas: es, por ese porcentaje, la ciudad más diversa del planeta. Y eso no es un dato para una placa: es lo que de verdad hay que ver aquí.

Porque Toronto no compite en monumentos y lo sabe. Tiene una antena muy alta, un castillo falso de un banquero arruinado y un museo con un iceberg encima. Todo eso está bien. Pero lo que no tiene ninguna otra ciudad es una esquina donde una panadería portuguesa, un puesto jamaicano y un tamil llevan cuarenta años sin que pase nada.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
La torre CN
Quinientos cincuenta y tres metros y treinta y dos años de récord mundial, de 1975 a 2007, hasta que la superó el Burj Khalifa. La levantó Canadian National, una compañía de ferrocarriles, porque los rascacielos nuevos estaban bloqueando las señales de radio y televisión y hacía falta una antena por encima de todos. Sigue siendo eso: la mitad de la difusión de la ciudad sale de ahí arriba.
Se le cae un rayo unas setenta y cinco veces al año de media y no pasa nada, porque tiene pararrayos de cobre a lo largo de toda la estructura. Y hay dos cosas dentro que la justifican: el suelo de cristal de 1994, primero del mundo en su tipo, y el EdgeWalk, que consiste en salir al exterior a trescientos cincuenta y seis metros enganchado a un raíl.
La ciudad entera se organiza visualmente desde ella: si la ves, sabes dónde está el sur, porque está en el lago.
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Los barrios
Kensington Market cuenta la historia de la ciudad en cuatro manzanas: judío en los veinte, portugués después, luego caribeño, luego vietnamita, y ninguna capa borró a la anterior. El Danforth es griego de verdad, con rótulos en griego y una fiesta en agosto que corta la calle. Gerrard Street es tamil y bengalí. Y en Scarborough, fuera del centro, está probablemente la mejor comida china y srilanquesa de Norteamérica.
La diferencia con los «barrios étnicos» de otras ciudades es que estos no se han vaciado de vecinos para enseñárselos a nadie. Nadie los diseñó: se formaron porque la gente llegaba y se instalaba donde ya había alguien de su pueblo.
Recorrer dos de ellos en un día enseña más de Canadá que cualquier museo, y de paso es la mejor comida que vas a hacer en el viaje.
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Casa Loma
Un castillo de estilo medieval con noventa y ocho habitaciones, torres, invernaderos y establos con suelo de mosaico, construido entre 1911 y 1914 en lo alto de una colina. No tiene nada de medieval: lo levantó Henry Pellatt, un financiero que se hizo rico llevando la electricidad a Ontario y que quiso vivir en un castillo porque podía.
Y aquí está el final: no pudo. La primera guerra mundial, un cambio en el negocio eléctrico y unos impuestos municipales que se le multiplicaron lo dejaron sin dinero, y en 1924, diez años después de mudarse, perdió la casa y se fue a vivir a un piso. Murió arruinado. El castillo se lo quedó la ciudad por deudas.
Es un monumento a la ambición mal calculada y por eso vale la pena: los túneles, los establos y la vista siguen ahí, y la historia es mejor que el edificio.
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Las islas de Toronto
No eran islas: eran una península de arena unida a la orilla, hasta que en 1858 una tormenta abrió un canal y la cortó. Desde entonces son un archipiélago sin coches a quince minutos de ferry del distrito financiero, con playas, canales, un faro de 1808 y setecientas personas viviendo en casas de madera.
Esa comunidad es lo más interesante del sitio: la ciudad lleva desde los años cincuenta intentando derribar las casas para hacer parque, y los vecinos se organizaron, resistieron, montaron barricadas cuando llegaron las excavadoras y acabaron ganando en 1993, con un régimen de arrendamiento protegido. Hoy hay lista de espera para entrar.
Es el único sitio de Toronto donde se ve la torre CN entera de una vez, y es también un barrio que existe porque su gente se negó a irse.
Preguntas frecuentes
¿Qué hay que ver en Toronto?
La torre CN, el St Lawrence Market, el Distillery District, el ROM con su cristal de Libeskind, Casa Loma y las islas en ferry. Pero lo que de verdad distingue a Toronto son los barrios: es la ciudad con más porcentaje de población nacida fuera del planeta, y eso se ve y se come.
¿Es Toronto la ciudad más diversa del mundo?
Por porcentaje de población nacida en el extranjero, sí: alrededor de la mitad de sus vecinos son inmigrantes de primera generación, hay más de doscientos orígenes étnicos censados y se hablan más de ciento sesenta idiomas. Y los barrios no son temáticos: son reales, con gente viviendo en ellos.
¿Qué es Casa Loma?
Un castillo de 98 habitaciones construido entre 1911 y 1914 por Henry Pellatt, un financiero que se hizo rico con la electricidad y quiso vivir en un castillo. Diez años después lo perdió por deudas y murió arruinado. La ciudad se lo quedó. La historia es mejor que el edificio.