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Excursiones desde Melbourne
11 h de ruta4 paradasMejor: La costa, con luz de tarde. Los pingüinos, al anochecerActualizado julio de 2026
La Great Ocean Road no se construyó para que la recorrieras tú. Se construyó entre 1919 y 1932 por unos tres mil soldados que volvían de la Primera Guerra Mundial, a pico y pala, sin maquinaria, y se hizo por dos motivos a la vez: darles trabajo al volver y levantar un monumento a los que no volvieron. Es, oficialmente, el memorial de guerra más grande del mundo, y mide más de doscientos kilómetros.

Saber eso cambia el viaje entero. Lo que se recorre no es una carretera panorámica: es una obra hecha a mano por gente que acababa de salir de las trincheras, tallada en un acantilado, dedicada a sus muertos. Y alrededor de Melbourne hay más cosas del mismo estilo, cerca y llegables: pingüinos que salen del mar cada noche, un pueblo entero de la fiebre del oro y un bosque con un tren de vapor. La ciudad es plana y aburrida en su periferia, pero a una hora empieza otra cosa.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
La Great Ocean Road
Doscientos y pico kilómetros de acantilado con el océano Antártico rompiendo debajo, hecha a mano por soldados vueltos de la Primera Guerra Mundial entre 1919 y 1932. Se pasa por bosque de eucaliptos con koalas de verdad en las ramas, por pueblos de surf y por miradores colgados sobre el agua. El sitio famoso son los Doce Apóstoles, unas agujas de caliza plantadas en el mar.
Y ahí va el desmontaje: nunca fueron doce. Cuando les pusieron ese nombre, en los años veinte y por motivos puramente turísticos, había nueve. Antes se llamaban la Cerda y los Cochinillos, que vende bastante menos. Y siguen cayéndose: uno se derrumbó en 2005 delante de los turistas, y otro después. La caliza se erosiona y el mar se los va comiendo, así que el número baja.
Ir en un día desde Melbourne es una paliza de coche: sal temprano, y si puedes, duerme una noche por el camino.
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Phillip Island
A hora y media al sureste hay una isla donde cada anochecer, sin fallar un solo día del año, cientos de pingüinos pequeños salen del mar y cruzan la playa andando hasta sus madrigueras. Son la especie de pingüino más pequeña del mundo, pasan el día pescando y vuelven cuando se hace de noche porque en la oscuridad los depredadores no los ven.
La visita está muy montada (hay gradas, horarios y entradas) y eso puede echar para atrás, pero está justificado: es una colonia salvaje y protegida, y sin control se la cargarían en una temporada. Van a lo suyo, muy cerca, sin ninguna atención a la gente. La hora depende del atardecer, así que en invierno se sale pronto y en verano tardísimo.
Y ojo: no se pueden hacer fotos con flash y lo hacen cumplir, porque los deslumbra. Si viajas con niños, es la excursión.
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Ballarat y el oro
Hora y media en tren y estás en el epicentro de la fiebre del oro que hizo rica a Melbourne. Ballarat conserva una ciudad entera del XIX y un museo al aire libre donde se puede batear oro de verdad en el río, con gente vestida de época que se lo toma en serio. Suena a parque temático y funciona mejor de lo que parece.
Pero el motivo de verdad para venir es político: aquí, en 1854, los mineros se rebelaron contra el impuesto de licencia que les cobraba el gobierno colonial, levantaron una empalizada, juraron bandera propia y el ejército la asaltó de madrugada. Murieron unos treinta. Se llama la Empalizada de Eureka y en Australia se considera el episodio fundacional de la democracia del país: al poco se les dio el voto y se quitó el impuesto. La bandera de la Cruz del Sur que ondearon sigue siendo un símbolo político vivo, y disputado, hoy.
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El valle del Yarra y las colinas
A una hora al este hay dos cosas distintas y complementarias. Una es el valle del Yarra, zona de viñedo fría donde se hacen buenos espumosos y pinot noir, con bodegas que se visitan y la advertencia de siempre: o conduce alguien que no bebe, o vas en transporte contratado.
La otra son las colinas de Dandenong, un bosque de eucaliptos gigantes y helechos arborescentes a las que llega el tren de cercanías. Ahí está Puffing Billy, un ferrocarril de vía estrecha de vapor de hace más de un siglo, que se salvó de la chatarra porque unos voluntarios se pusieron a arreglarlo, y que tiene una costumbre que no existe en ningún otro tren del mundo: se viaja sentado en el marco de las ventanas, con las piernas colgando fuera.
Los niños lo hacen y los adultos también. Es el bosque, el vapor y las piernas fuera: una hora de la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Se puede hacer la Great Ocean Road en un día desde Melbourne?
Se puede, pero es una paliza: los Doce Apóstoles están a unas cuatro horas y hay que volver. Sal temprano, y si puedes, duerme una noche por el camino. La carretera la construyeron a pico y pala unos tres mil soldados vueltos de la Primera Guerra Mundial entre 1919 y 1932, como monumento a los caídos: es el memorial de guerra más grande del mundo.
¿Cuántos son los Doce Apóstoles?
Nunca fueron doce. Cuando les pusieron ese nombre, en los años veinte y por motivos turísticos, había nueve: antes se llamaban la Cerda y los Cochinillos. Y siguen cayéndose, uno se derrumbó en 2005 delante de los turistas y otro después, porque la caliza se erosiona y el mar se los va comiendo. El número baja con los años.