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OZU /COREA DEL SUR /SEÚL /GUÍA

Comer en Seúl

5 paradasActualizado julio de 2026

EN CORTO

Los platitos que llegan a la mesa sin que los pidas son gratis y se rellenan las veces que hagan falta. Se llaman banchan, pueden ser cuatro o pueden ser doce, y no son un aperitivo ni una cortesía: son la mitad de la comida. Se comen a lo largo de todo el rato, mezclándolos con lo demás, y pedir más no es abusar, es lo normal: se levanta la mano y se pide.

Un puesto de mercado con decenas de banchan en cuencos
© Ulrich Walder · CC0 · Wikimedia Commons

Entender eso cambia cómo pides. Un plato en Corea no viene solo, viene con un ecosistema alrededor, y por eso una comida aquí cuesta lo que cuesta y llena tanto. Lo otro que hay que saber es que la mesa es colectiva: los guisos van en una olla en el centro y todo el mundo mete su cuchara. Pedir un plato para ti solo se puede, pero no es lo que se hace.

La ruta, parada a parada

5 PARADAS
  1. 01

    Los banchan

    Llegan antes que la comida y sin que los pidas: kimchi de col, kimchi de rábano, brotes de soja, espinacas, tortilla, algas, pescadito seco, ajo crudo, patata caramelizada. Pueden ser tres en un sitio barato o doce en uno bueno, y en un restaurante tradicional de Jeonju pueden ser veinte. Todos son gratis y todos se rellenan sin coste las veces que quieras.

    Al europeo esto le da un apuro que aquí no se entiende: pedir más banchan no es aprovecharse, es lo esperado, y no hacerlo cuando te has acabado el kimchi es raro. Se levanta la mano y se dice el nombre del platito, o se señala. En muchos sitios hay un botón en la mesa para llamar al camarero, literalmente, y eso es lo normal: aquí no se hace contacto visual ni se espera a que pasen, se aprieta el botón.

    Y ojo: lo que no se acaba se tira, así que pide lo que te vayas a comer.

  2. 02

    El kimchi, y la nevera que tiene

    El kimchi no funciona como encurtido: fermenta vivo, y por eso la mayoría de las casas coreanas tienen un electrodoméstico que en Europa no existe: una nevera solo para el kimchi. No es una excentricidad. El kimchi necesita una temperatura estable de en torno a cero grados para fermentar despacio y no pasarse, y en una nevera normal, que se abre veinte veces al día, no la tiene. Las venden todas las marcas grandes y están en más del noventa por ciento de los hogares.

    Antes de eso se enterraban vasijas de barro en el jardín para el invierno. Y hay un ritual, el kimjang, que es la elaboración colectiva en noviembre: la familia y los vecinos se juntan y hacen cientos de kilos de golpe para todo el año.

    La Unesco lo declaró patrimonio inmaterial en 2013, y no declaró el kimchi: declaró el acto de hacerlo juntos, que es una distinción bonita y bastante exacta.

  3. 03

    El chimaek

    Chimaek contrae chicken y maekju, cerveza, y funciona como institución nacional: pollo frito coreano (que se fríe dos veces, así que la piel queda fina y crujiente y no gruesa como la americana) con cerveza muy fría. Hay cadenas por todas partes y se come viendo el fútbol o el béisbol.

    Y aquí está la parte que descoloca a cualquier extranjero: se puede pedir a domicilio a un parque. Al río Han, a un punto concreto del césped, sin dirección, mandando tu ubicación. Y llega, en moto, en veinte minutos, con la cerveza. Miles de personas cenan así en las orillas del Han las noches de verano, con una manta y una caja de pollo.

    No es un truco de listillos: es un servicio normal que todo el mundo usa y que las propias cadenas anuncian. Es la mejor cena que vas a hacer en Seúl y cuesta poco.

  4. 04

    El soju, y cómo se sirve

    El soju encabeza las ventas mundiales de destilados por volumen, y no por poco: una sola marca coreana vende más botellas al año que todo el whisky escocés junto. Es transparente, tiene menos alcohol de lo que parece y cuesta menos que el agua en un restaurante. Va en botella verde y se bebe en vasitos.

    Y tiene un protocolo que conviene saberse porque aquí importa de verdad. Nunca te sirves tú: sirves a los demás y alguien te sirve a ti, y estar pendiente del vaso vacío del de al lado es parte de la educación. Al recibir, se sujeta el vaso con las dos manos, o con la derecha tocándote el antebrazo con la izquierda, si quien te sirve es mayor. Y al beber delante de alguien mayor, se gira la cara hacia un lado.

    Nada de esto es folclore para turistas: se hace en cualquier cena de trabajo y no hacerlo se nota.

  5. 05

    El konbini coreano

    Las tiendas de conveniencia coreanas (CU, GS25, 7-Eleven) no son un sitio de emergencia: son una institución. Están abiertas veinticuatro horas, hay una cada cincuenta metros y dentro tienen microondas, hervidor de agua caliente y una barra con taburetes junto al escaparate. La gente cena ahí, sola o acompañada, y no tiene ninguna connotación triste.

    Lo que se compra es un gimbap, un cuenco de fideos instantáneos, que se llenan con el agua caliente de la máquina y se comen ahí mismo, o un triángulo de arroz relleno.

    Y hay una cosa que hay que probar aunque suene mal: el huevo cocido al vapor durante horas, marrón y con sabor a nuez, que se vende en bolsa. Todo cuesta calderilla. En un viaje a Seúl vas a acabar cenando aquí una noche por accidente y va a estar mejor de lo que esperas.

Preguntas frecuentes

¿Los platitos de los restaurantes coreanos son gratis?

Sí: se llaman banchan, llegan sin que los pidas, son gratis y se rellenan las veces que quieras sin coste. Pedir más no es aprovecharse, es lo esperado: se levanta la mano o se aprieta el botón de la mesa. Lo que no se acaba se tira, así que pide lo que te vayas a comer.

¿Se puede pedir comida a domicilio a un parque en Seúl?

Sí, y es normal: a un punto concreto del césped del río Han, sin dirección, mandando la ubicación. Llega en moto en veinte minutos, con la cerveza. Miles de personas cenan así las noches de verano en las orillas del Han. Se llama chimaek: pollo frito y cerveza.

¿Cómo se bebe el soju?

Nunca te sirves tú: sirves a los demás y alguien te sirve a ti. Al recibir, se sujeta el vaso con las dos manos si quien sirve es mayor, y al beber delante de alguien mayor se gira la cara. No es folclore turístico: se hace en cualquier cena de trabajo y no hacerlo se nota.

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