Excursiones de un día desde París
4 paradasMejor: De abril a octubre. Giverny solo abre en esos mesesActualizado julio de 2026
A cuarenta y cinco minutos en TGV hay una ciudad donde se coronaba a los reyes de Francia y donde, debajo de las calles, hay kilómetros de galerías excavadas por los romanos y hoy llenas de botellas de champán. Se llama Reims y casi nadie que viene a París la incluye, porque todo el mundo se va a Versalles.

Ese es el patrón de las excursiones desde aquí: hay tres o cuatro sitios que en cualquier otro país serían el destino principal del viaje y que aquí quedan eclipsados. Versalles se lleva a todo el mundo, y con razón, pero Chartres tiene las mejores vidrieras medievales que quedan en el mundo y está a una hora. Todo esto se hace en tren y sin madrugar demasiado.
La ruta, parada a parada
4 PARADAS- 01
Versalles
Luis XIV se mudó aquí en 1682 y se trajo a la corte por una razón que no era el lujo: quería a la alta nobleza viviendo bajo su techo, lejos de sus tierras y de sus tropas, y entretenida en un sistema de etiqueta delirante donde el derecho a asistir al rey mientras se vestía era un premio por el que se peleaban. Funcionó durante un siglo. Versalles es un instrumento de control que resulta que además es de oro.
Dos consejos que cambian el día. Uno: la entrada al palacio se agota y hay que reservarla con hora, pero los jardines suelen ser de acceso libre salvo los días de espectáculo de fuentes. Si vas con tiempo justo, los jardines solos ya justifican el viaje.
Dos: casi nadie llega al Trianon ni a la aldea de la reina, que están a media hora andando al fondo del parque. Ahí María Antonieta se hizo construir una granja de mentira, con vacas limpias, para jugar a la vida sencilla mientras el país se moría de hambre. Es la mejor y la peor postal del Antiguo Régimen.
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Chartres
Chartres conserva alrededor del setenta por ciento de sus vidrieras originales del siglo XIII, que es una barbaridad: en el resto de Europa se rompieron en guerras, revoluciones y bombardeos. Aquí no, y por una razón muy concreta y muy poco romántica: en las dos guerras mundiales, los vecinos desmontaron las vidrieras cristal a cristal, las numeraron, las embalaron y las escondieron fuera de la ciudad. Luego las volvieron a montar.
El famoso azul de Chartres es un color que no se ha podido reproducir del todo, porque no se sabe con certeza la composición exacta del vidrio del XIII. Y en el suelo de la nave está el laberinto, de doscientos sesenta metros de recorrido, que los peregrinos hacían de rodillas como sustituto de un viaje a Jerusalén que no podían pagar.
Está tapado por sillas casi todo el año y se despeja algunos días. Si te importa, mira antes qué día vas.
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Reims y el champán
Aquí se coronaron treinta y tres reyes de Francia durante mil años, incluido Carlos VII en 1429 con Juana de Arco al lado, que era exactamente el objetivo de toda su campaña: sin coronación en Reims, un rey francés no era del todo rey.
La catedral es del XIII y en la fachada está el ángel de la sonrisa, que perdió la cabeza en un bombardeo de 1914 y se la volvieron a poner.
Y debajo de la ciudad hay más de doscientos kilómetros de galerías: son canteras de creta que excavaron los romanos para sacar la piedra con la que construyeron la ciudad, y que llevan siglos siendo las bodegas del champán, porque mantienen doce grados constantes todo el año sin gastar un euro.
Se visitan varias, y ver millones de botellas apiladas en un agujero romano es la mejor combinación de dos mil años en un solo sitio.
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Giverny
Monet vivió aquí cuarenta y tres años y aquí pintó los nenúfares. Y hay que entender el orden de las cosas, porque se cuenta al revés: Monet no pintó un jardín que existía. Compró el terreno, desvió un brazo del río con permiso administrativo (los vecinos protestaron, temían que las plantas exóticas envenenaran el agua), excavó el estanque, plantó los nenúfares y construyó el puente japonés. Primero hizo el motivo y después lo pintó durante treinta años.
Eso convierte el jardín en algo raro: no es el lugar donde ocurrió la obra, es la obra. Está a una hora en tren hasta Vernon y luego autobús, y solo abre de abril a octubre, porque en invierno no hay nada que ver.
Ve entre semana y a primera hora: es pequeño y se llena, y el estanque con cincuenta personas alrededor no se parece a ningún cuadro.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor excursión desde París?
Versalles es la obvia y se lleva un día entero. Pero Chartres, a una hora, tiene las mejores vidrieras medievales del mundo, y Reims está a cuarenta y cinco minutos en TGV y tiene la catedral de las coronaciones más doscientos kilómetros de bodegas de champán excavadas por los romanos.
¿Por qué se conservan las vidrieras de Chartres?
Porque en las dos guerras mundiales los vecinos las desmontaron cristal a cristal, las numeraron, las embalaron y las escondieron fuera de la ciudad, y luego las volvieron a montar. Por eso conserva alrededor del setenta por ciento de sus vidrieras originales del siglo XIII, algo que no tiene ninguna otra catedral.
¿Cuándo se puede visitar Giverny?
Solo de abril a octubre: en invierno cierra porque no hay nada que ver. Está a una hora de tren hasta Vernon más autobús. Ve entre semana y a primera hora, porque el jardín es pequeño y se llena. Y ten en cuenta que Monet no pintó un jardín que existía: lo construyó primero, estanque incluido, y luego lo pintó treinta años.