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Qué ver en París

5 paradasActualizado julio de 2026

EN CORTO

La Gioconda era un cuadro más hasta que la robaron. En agosto de 1911 un operario italiano se la llevó debajo del abrigo, y el Louvre tardó veintiocho horas en darse cuenta de que faltaba. Estuvo dos años desaparecida, la portada dio la vuelta al mundo, la gente hacía cola para ver el hueco en la pared donde había estado, y a Picasso lo interrogaron como sospechoso. Cuando volvió, en 1913, ya era el cuadro más famoso del planeta. La fama no la pintó Leonardo: la hizo el robo.

El patio del Louvre con la pirámide de cristal en el centro y las alas del palacio alrededor
© Benh LIEU SONG ( Flickr ) · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Esa historia es útil porque enseña a mirar París: casi todo lo que aquí se da por eterno tiene un motivo concreto y a menudo prosaico. La torre Eiffel se salvó por ser una antena. Versalles era una jaula política. El Museo d’Orsay es una estación que se libró del derribo por poco. Y la ciudad entera tiene esta cara porque un prefecto tiró el sesenta por ciento en diecisiete años.

La ruta, parada a parada

5 PARADAS
  1. 01

    El Louvre

    Empezó como fortaleza medieval, siguió como palacio real y abrió como museo en 1793, cuando la Revolución decidió que la colección del rey pasaba a ser del pueblo. Todavía se pueden ver los cimientos del castillo del siglo XII en el sótano, y esa sala vacía es de las mejores cosas del museo y no hay nadie.

    La pirámide de I. M. Pei, de 1989, fue odiada con la misma intensidad con la que se odió la torre Eiffel un siglo antes: se dijo que era un adefesio egipcio en el corazón de Francia. Hoy es un símbolo de París.

    Y de paso, una corrección: circuló durante años que tenía seiscientos sesenta y seis cristales, con toda la carga que eso llevaba. Tiene seiscientos setenta y tres. Alguien contó mal, o le vino bien contar mal.

  2. 02

    La Sainte-Chapelle

    Aquí el gótico llega a su conclusión lógica: si los arbotantes aguantan el peso por fuera, la pared deja de hacer falta. Aquí se llevó al extremo y prácticamente desapareció: quedan unos nervios de piedra finísimos y, entre ellos, seiscientos metros cuadrados de vidriera. Mil ciento trece escenas que cuentan la Biblia entera y se leen de abajo arriba y de izquierda a derecha.

    Se construyó en siete años, hacia 1248, que para la época es una velocidad insólita, y con un propósito único: guardar la corona de espinas que Luis IX le compró al emperador de Constantinopla, arruinado y necesitado de efectivo. Pagó por la reliquia tres veces más de lo que costó levantar la capilla que la guardaba.

    Ve por la mañana, cuando el sol entra por el este, y siéntate: no hay nada más impresionante en esta ciudad.

  3. 03

    La torre Eiffel

    Dos años, dos meses y cinco días de obra para la Exposición de 1889, con dieciocho mil piezas de hierro y dos millones y medio de remaches, y un permiso que decía claramente que a los veinte años se desmontaba. Hubo un manifiesto de artistas y escritores contra ella (lo firmaron Maupassant, Dumas hijo y Garnier, el de la Ópera) llamándola inútil y monstruosa.

    La salvó la radio. Eiffel, que era listo, se dedicó a demostrar que su torre servía para experimentos científicos, y sobre todo que era una antena excelente. En 1909, cuando tocaba tirarla, el ejército la quiso para telegrafía sin hilos. Se quedó por útil, no por bonita.

    Fíjate en los nombres grabados bajo el primer piso: hay setenta y dos científicos e ingenieros franceses, y no hay ni una mujer, cosa que se ha señalado bastante, empezando por Sophie Germain.

  4. 04

    Los edificios de Haussmann

    La imagen que tienes de París (los bulevares anchos, los edificios de piedra clara todos iguales, los balcones corridos, los tejados de zinc gris) no es antigua: es de entre 1853 y 1870. En diecisiete años, el barón Haussmann demolió alrededor del sesenta por ciento de la ciudad medieval y la rehízo por decreto, expulsando a decenas de miles de personas pobres a las afueras.

    Y la uniformidad no es estilo, es normativa: la altura del edificio estaba atada al ancho de la calle, la fachada tenía que ser de piedra caliza de la zona, y los balcones corridos iban obligatoriamente en las plantas segunda y quinta. Por eso todos los edificios se alinean.

    La motivación oficial era higiene y tráfico. La otra, que se discute pero que estaba ahí, es que un bulevar recto y ancho es imposible de barricar y muy fácil de barrer con artillería. París es bella por decreto y ancha por precaución.

  5. 05

    Las catacumbas

    Debajo de París hay unos trescientos kilómetros de galerías, que son las canteras de las que salió la piedra con la que se construyó la ciudad de arriba: literalmente, París se excavó a sí misma. Y en un tramo de esas galerías están apilados los huesos de unos seis millones de personas.

    La razón es concreta y bastante desagradable. El cementerio de los Inocentes llevaba diez siglos enterrando gente en el centro de la ciudad y estaba desbordado: la tierra había subido dos metros sobre el nivel de la calle. En 1780 un muro que lindaba con un sótano cedió por la presión y los cadáveres entraron en la casa del vecino.

    Ahí se acabó la discusión: se cerró, y durante décadas se trasladaron los huesos de noche, en carretas, al viejo hueco de las canteras. Alguien los apiló formando muros y dibujos, que es lo que se visita. Se reserva con antelación y el aforo es corto.

Preguntas frecuentes

¿Por qué es tan famosa la Gioconda?

Por el robo. Era un cuadro más hasta que en 1911 un operario italiano se la llevó bajo el abrigo, estuvo dos años desaparecida, la gente hacía cola para ver el hueco en la pared y a Picasso lo interrogaron como sospechoso. Cuando volvió en 1913 ya era el cuadro más famoso del mundo.

¿Por qué todos los edificios de París son iguales?

Por normativa, no por estilo: entre 1853 y 1870 Haussmann tiró el sesenta por ciento de la ciudad y la rehízo por decreto, con la altura atada al ancho de la calle, fachada de caliza obligatoria y balcones corridos en las plantas segunda y quinta. Los bulevares anchos, además, son imposibles de barricar.

¿Por qué hay huesos en las catacumbas de París?

Porque el cementerio de los Inocentes, en el centro, llevaba diez siglos llenándose y en 1780 un muro cedió por la presión y los cadáveres entraron en el sótano del vecino. Se cerró y los huesos de unos seis millones de personas se trasladaron de noche a las antiguas canteras de las que se sacó la piedra de la ciudad.

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