Comer en París
5 paradasActualizado julio de 2026
Un decreto de 1993 define por ley qué puede llamarse baguette de tradición: solo harina, agua, sal y levadura, sin aditivos y sin haber pasado por el congelador en ningún momento. Cualquier otra cosa se puede llamar baguette a secas, pero no de tradición. Por eso en la panadería hay dos precios y dos panes distintos, y por eso quien pide «una baguette» sin más se lleva el peor de los dos.

Ese decreto explica cómo funciona la comida en Francia: aquí las cosas están definidas por ley, y saber la definición es saber pedir. Lo mismo con el café, que tiene tres precios legales según dónde te sientes, o con el queso, que va antes del postre y no después. No es esnobismo: son reglas escritas, y quien las conoce come mejor y paga menos.
La ruta, parada a parada
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La baguette, y las dos que hay
En cualquier panadería francesa hay dos baguettes y no son lo mismo. La ordinaire puede llevar aditivos, mejorantes y masa congelada, y sale pálida y blanda. La de tradición está regulada por el decreto de 1993: harina, agua, sal, levadura, nada más y sin pasar por el frío. Se reconoce a la vista, porque es más oscura, tiene los cortes irregulares y las puntas afiladas, y por dentro tiene agujeros de tamaños distintos.
Pide «une tradition, s’il vous plaît» y no «une baguette». Cuesta unos céntimos más y es otro producto. Y una cosa más que hay que saber: en Francia solo puede llamarse boulangerie el sitio donde se amasa y se cuece en el local. Si compras pan en un sitio que pone «dépôt de pain», es pan traído de otro lado.
La Unesco declaró la baguette patrimonio inmaterial en 2022, y cada año hay un concurso en París cuyo ganador surte de pan al Elíseo durante doce meses.
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El café, y sus tres precios
En un café francés hay tres precios para lo mismo y los tres son legales: au comptoir, de pie en la barra, en salle, sentado dentro, y en terrasse, fuera. La diferencia puede ser del doble, y por ley tiene que estar expuesta en un cartel visible. No es un timo turístico: al parisino de al lado le cobran igual.
Lo que estás pagando en la terraza es la silla y las horas: en Francia, una vez que te sientas, la mesa es tuya el tiempo que quieras y nadie te va a apurar ni a traerte la cuenta sin pedirla. Eso también es una norma cultural, y explica por qué un café de terraza en Saint-Germain cuesta lo que cuesta.
Un «café» a secas es un espresso. Si quieres uno largo, pide un «allongé», y si lo quieres con leche por la mañana, un «crème». Pedir un café con leche después de comer no está prohibido, pero te van a mirar.
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El bistró, la brasserie y el café
Los tres nombres significan cosas distintas y saberlo evita entrar donde no querías. El café es para beber y para estar. Se puede comer algo, pero no es lo suyo. El bistró es pequeño, tiene una carta corta escrita a mano o en una pizarra, cocina de mercado y horario de comidas estricto: si llegas a las tres, la cocina está cerrada.
La brasserie es otra cosa y su nombre lo dice: brasserie significa cervecería. Las montaron alsacianos que llegaron a París tras la guerra de 1870, cuando Alsacia pasó a Alemania, y trajeron la cerveza, la choucroute y las ostras. Son grandes, ruidosas, tienen carta larga y sirven a cualquier hora, incluso a las cuatro de la tarde, que es exactamente cuando la necesitas.
Si has salido tarde de un museo y tienes hambre, tu sitio es una brasserie: es la única que estará abierta.
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El orden de la mesa
El queso va antes del postre, no después, y eso descoloca a media Europa. La lógica es enológica: el queso se come con el vino tinto que ya está en la mesa, y una vez pasas al dulce, el vino se acaba. Por eso el orden es entrante, plato, ensalada, queso, postre. Sí, la ensalada va después del plato principal y no antes: sirve para limpiar la boca.
Y unas cuantas cosas prácticas: el pan no va en un plato, va directamente sobre el mantel a tu izquierda, y no se unta en mantequilla salvo con los rábanos o el queso. No se corta la ensalada con el cuchillo, se dobla con el tenedor.
Y no se pide la cuenta con un gesto en el aire: se dice «l’addition, s’il vous plaît» cuando pasa alguien. Ninguna de estas cosas te van a echar de ningún sitio, pero saberlas cambia cómo te tratan, que es de lo que va la siguiente sección.
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El croissant, que es austríaco
El croissant llegó de fuera: viene del kipferl austríaco, y lo trajo a París en 1839 un oficial de artillería vienés llamado August Zang, que abrió una panadería en la calle de Richelieu. Los franceses lo copiaron, le aplicaron el hojaldre y lo mejoraron tanto que se lo quedaron. En Francia, a la bollería se le sigue llamando viennoiserie, «cosas de Viena», y eso es un reconocimiento de autoría que lleva doscientos años a la vista.
Y un truco que casi nadie sabe y que se ve desde la puerta: la forma dice el ingrediente.
Por una convención muy extendida en las panaderías francesas, el croissant recto está hecho con mantequilla, croissant au beurre, y el curvo, en forma de media luna clásica, con margarina. Si en el mostrador hay de los dos, elige el recto. Si solo hay curvos, pregunta.
Preguntas frecuentes
¿Qué es una baguette de tradición?
La que regula el decreto francés de 1993: solo harina, agua, sal y levadura, sin aditivos y sin haber pasado por el congelador. La otra, la ordinaire, puede llevar mejorantes y masa congelada. Pide «une tradition» y no «une baguette»: cuesta unos céntimos más y es otro producto.
¿Por qué el café cuesta más en la terraza en París?
Porque hay tres precios legales y tienen que estar en un cartel: au comptoir (de pie en la barra), en salle (sentado dentro) y en terrasse (fuera). Puede ser el doble. No es un timo: al parisino le cobran igual. Lo que pagas es la silla y el tiempo, porque una vez sentado la mesa es tuya el rato que quieras.
¿El queso va antes o después del postre en Francia?
Antes. El orden es entrante, plato, ensalada, queso y postre. La lógica es que el queso se come con el vino tinto que ya está en la mesa, y al pasar al dulce el vino se acaba. Y sí: la ensalada va después del plato principal, para limpiar la boca.