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París en un día

10 h de ruta5 paradasMejor: De mayo a junio o septiembre. En agosto París se va de ParísActualizado julio de 2026

EN CORTO

París tiene ciento cinco kilómetros cuadrados, o sea que es más pequeño que Madrid y bastante más pequeño que Berlín, y dentro de esa superficie está absolutamente todo lo que has visto en fotos. Se cruza andando de punta a punta en dos horas y media, y hay trescientas y pico estaciones de metro, así que nunca estás a más de cuatrocientos metros de una. La distancia aquí no es el problema.

El pórtico de Notre-Dame visto de cerca, con la galería de reyes sobre las tres puertas
© Wyslijp16 · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

El problema son las colas y la reserva. El Louvre, la Sainte-Chapelle y la torre exigen entrada con hora y se agotan. Presentarse en la puerta es perder la mañana. Así que un día en París se planifica desde el sofá de casa: eliges dos cosas grandes, las reservas, y el resto del día lo llenas andando, que es exactamente para lo que sirve esta ciudad.

La ruta, parada a parada

5 PARADAS
  1. 01

    La Sainte-Chapelle a primera hora

    ⏱ 1 h

    Quince vidrieras de quince metros con mil ciento trece escenas, y las paredes casi han desaparecido: solo quedan los nervios que aguantan el cristal. Se construyó en siete años, hacia 1248, y es la cosa más impresionante de París por metro cuadrado. Está escondida dentro del recinto de los juzgados, que es la razón de que mucha gente pase de largo.

    El dato que la explica: Luis IX la mandó hacer para guardar la corona de espinas, que le había comprado al emperador de Constantinopla. La corona le costó ciento treinta y cinco mil libras y la capilla, cuarenta mil. O sea que el relicario costó tres veces menos que la reliquia. Cuando lo sabes, el edificio cambia: no es una iglesia, es una caja.

    Ve a las nueve, cuando abre y el sol da por el este. A mediodía la luz es plana y no es lo mismo.

  2. 02

    Notre-Dame

    ⏱ 1 hEn la misma isla, cinco minutos andando

    Volvió a abrir en diciembre de 2024, cinco años después del incendio, y la entrada sigue siendo gratuita como lo ha sido siempre. Lo que sorprende al entrar es el color: la piedra se limpió durante la restauración y el interior es mucho más claro de lo que era, casi dorado. Quien la conoció antes dice que parece otra iglesia, y en cierto modo lo es.

    Lo que ardió fue el bosque: la estructura del tejado era un entramado de vigas de roble del siglo XIII, unas mil trescientas, cada una de un árbol distinto, y se llamaba así, la forêt.

    Se ha rehecho con roble francés y con las mismas técnicas medievales, cortando a mano con hachas, porque era la única manera de que la madera se comportara igual.

    Está en la isla de la Cité, a cinco minutos de la Sainte-Chapelle, y las dos se hacen en la misma mañana.

  3. 03

    El Louvre, con estrategia

    ⏱ 3 h

    Treinta y cinco mil obras expuestas en setenta y dos mil metros cuadrados. Verlo entero no es difícil, es imposible: si pasaras treinta segundos delante de cada pieza sin dormir ni comer, tardarías más de doce días. Así que la única manera de disfrutarlo es aceptar eso y elegir dos alas, no más.

    La trampa clásica es entrar corriendo hacia la Gioconda. Es un cuadro de setenta y siete por cincuenta y tres centímetros, detrás de un cristal, al fondo de una sala enorme y con doscientas personas delante con el móvil en alto: la ves diez segundos, mal y de lejos. Mírala si quieres, pero no organices el día alrededor.

    En la misma sala, en la pared de enfrente y sin nadie delante, hay unas Bodas de Caná de Veronese de setenta metros cuadrados: es el cuadro más grande del museo y casi nadie se da la vuelta para verlo.

  4. 04

    La torre, y el señor que comía debajo

    ⏱ 2 h

    Se levantó para la Exposición de 1889, en dos años, dos meses y cinco días, y el permiso era temporal: a los veinte años había que desmontarla. Media ciudad la odiaba, hubo un manifiesto firmado por escritores y arquitectos llamándola «esqueleto de fábrica» y estuvo condenada de verdad. La salvó algo que no tenía nada que ver con el arte: era una antena de radio buenísima, y en 1909 el ejército la quiso. Por eso sigue ahí.

    Un par de cosas que se ven mejor sabiéndolas: el hierro se dilata, así que en verano la torre mide unos quince centímetros más que en invierno y se inclina ligeramente hacia el lado que está a la sombra.

    Y se repinta entera a mano cada siete años, con sesenta toneladas de pintura.

    La historia de Maupassant, que comía todos los días en su restaurante porque era el único sitio de París desde el que no la veía, probablemente sea apócrifa y es demasiado buena para verificarla.

  5. 05

    Cenar en el Marais

    ⏱ 3 h

    El Marais se libró de Haussmann, el único trozo grande de París que lo consiguió, y por eso conserva calles estrechas y torcidas y casas de antes del XIX. Era una zona pantanosa, marais significa ciénaga, luego fue el barrio de la aristocracia, luego el barrio judío y luego, durante mucho tiempo, un sitio degradado que nadie quería. Eso lo salvó: no valía la pena tirarlo.

    La Place des Vosges, de 1612, es la plaza planificada más antigua de París y sigue teniendo las treinta y seis casas originales con los mismos soportales.

    Alrededor se cena bien, y hay una cosa muy concreta que hacer: la calle des Rosiers es el corazón del barrio judío desde hace siglos y ahí está el falafel que se come de pie con cola en la acera. Es la mejor cena barata de París y lleva décadas siéndolo.

Preguntas frecuentes

¿Qué ver en París en un día?

La Sainte-Chapelle a primera hora y Notre-Dame, que están en la misma isla y se hacen juntas, el Louvre eligiendo dos alas, no más, la torre Eiffel, y cenar en el Marais. Reserva lo que exige hora antes de salir de casa: presentarse en la puerta del Louvre es perder la mañana.

¿Se puede entrar gratis en Notre-Dame?

Sí, la entrada a la catedral es gratuita, como lo ha sido siempre. Reabrió en diciembre de 2024, cinco años después del incendio, y el interior está mucho más claro que antes porque se limpió la piedra durante la restauración.

¿Merece la pena ver la Gioconda?

Verla de paso, sí, organizar el día alrededor, no. Mide 77 × 53 cm, está tras un cristal al fondo de una sala enorme y la ves diez segundos con doscientos móviles delante. En la pared de enfrente, sin nadie, están las Bodas de Caná de Veronese: setenta metros cuadrados y el cuadro más grande del museo.

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