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Qué ver en Shanghái

5 paradasActualizado julio de 2026

EN CORTO

En 1990 Pudong era campo. Arrozales, almacenes y astilleros, y un dicho local que decía que era mejor una cama en Puxi que un piso en Pudong. Ese año se decidió convertirlo en el escaparate económico de China y hoy hay allí cuatro rascacielos que se pueden leer como cuatro décadas: 1994, 1999, 2008 y 2015. Es probablemente el trozo de ciudad construido más rápido de la historia.

El skyline de Pudong, con la Torre de Shanghái retorcida a la derecha
© King of Hearts · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Y enfrente, cruzando el río, está lo contrario: cincuenta y dos edificios de los años veinte que levantaron bancos extranjeros cuando esta ciudad estaba troceada en concesiones donde la ley china no se aplicaba. Shanghái es esa conversación entre las dos orillas, y casi todo lo que merece la pena ver aquí está en una o en la otra, o explica cómo se pasó de una a otra.

La ruta, parada a parada

5 PARADAS
  1. 01

    El Bund

    Kilómetro y medio de fachadas de los años veinte y treinta: bancos, casas comerciales, consulados, todos extranjeros y todos construidos para verse desde el río, porque desde el río llegaba el dinero. La palabra «bund» ni siquiera es inglesa ni china: viene del hindi y significa dique, y llegó con los administradores británicos que venían de la India.

    La mejor historia del Bund está dentro del antiguo Hongkong and Shanghai Bank, de 1923: el vestíbulo tiene una cúpula con un mosaico enorme que representaba las ciudades del imperio comercial. En los años cincuenta, cuando ese simbolismo era peligroso, alguien del banco lo cubrió con pintura y con un falso techo en lugar de destruirlo. Nadie dijo nada durante cuarenta años.

    En los noventa, unas obras rascaron el techo y el mosaico apareció intacto. Se puede entrar a verlo y la entrada es libre.

  2. 02

    La Torre de Shanghái

    Seiscientos treinta y dos metros y ciento veintiocho plantas: es la segunda más alta del mundo. Y su forma retorcida, que parece un capricho de arquitecto, es pura ingeniería: al girar ciento veinte grados de abajo arriba, la torre rompe los remolinos de viento que se forman contra una fachada plana y reduce la carga que tiene que aguantar en torno a un veinticuatro por ciento. Eso significa menos acero, y menos acero es lo que la hizo posible sobre el barro blando de un delta.

    Tiene doble fachada, como un termo, con nueve jardines interiores entre las dos capas, y el ascensor sube a más de veinte metros por segundo: llega al mirador de la planta ciento dieciocho en menos de un minuto. Se cimentó sobre casi mil pilotes hincados a ochenta y seis metros, porque debajo no hay roca.

    Todo en este edificio es una respuesta a un problema, y por eso es interesante y no solo alto.

  3. 03

    El jardín Yuyuan

    De 1559, y lo mandó hacer un funcionario para su padre: tardó casi veinte años, arruinó a la familia y el padre murió poco después de terminarse. Es un jardín Ming en medio del casco viejo, rodeado hoy de torres, con estanques, pabellones y una rocalla de doce metros de piedra amarilla traída del lago Tai.

    La clave para disfrutarlo es entender qué se pretende: un jardín chino no busca la vista panorámica, la evita. Hay muros, puertas circulares, recodos y ventanas caladas colocados a propósito para que nunca veas el conjunto y tengas que descubrirlo por fragmentos, de manera que dos hectáreas parezcan sin fin. Cada ventana enmarca una escena distinta, como un cuadro.

    Es exactamente lo contrario de Versalles, y las dos ideas son de la misma época.

  4. 04

    La antigua concesión francesa

    Entre 1849 y 1943 hubo un trozo de Shanghái gobernado por Francia, con su policía, su ayuntamiento y sus leyes, donde la autoridad china no entraba. Y al lado había otro, el Asentamiento Internacional, británico y estadounidense. Esa anomalía duró casi un siglo y explica por qué esta ciudad no se parece a ninguna otra de China.

    De la concesión francesa quedan las calles estrechas con plátanos de sombra que forman túnel, los plantaron ellos, las villas art déco y el ambiente.

    Y quedan los shikumen, la vivienda que salió de mezclar la casa adosada europea con el patio chino. Es el barrio más agradable de Shanghái para pasear sin objetivo, y es donde mejor se ve que aquí las dos ciudades no se sustituyeron: se quedaron una encima de otra.

  5. 05

    El Museo de Shanghái

    Su colección de bronces rituales compite con las mejores del mundo: vasijas de las dinastías Shang y Zhou, de hace tres mil años, cubiertas de monstruos y figuras fundidas con una técnica de moldes de arcilla por secciones que en Occidente no se usó nunca. No son objetos decorativos: eran para ceremonias con los antepasados, y su tamaño indicaba el rango de quien los encargaba.

    El edificio también dice algo: es redondo en la parte de arriba y cuadrado en la de abajo, que es la representación china tradicional del cielo y la tierra, la misma idea que el Templo del Cielo de Pekín. Hay además caligrafía, jade, pintura y muebles Ming.

    Es la mejor manera de pasar un domingo de lluvia en una ciudad donde llueve bastante.

Preguntas frecuentes

¿Por qué está retorcida la Torre de Shanghái?

Por física, no por estilo: el giro de ciento veinte grados rompe los remolinos de viento que se forman contra una fachada plana y reduce la carga en torno a un veinticuatro por ciento. Eso significa menos acero, que es lo que la hizo viable sobre el barro blando del delta. Mide 632 m y es la segunda más alta del mundo.

¿Qué fueron las concesiones de Shanghái?

Trozos de la ciudad gobernados por potencias extranjeras donde la ley china no se aplicaba: la concesión francesa (1849-1943) y el Asentamiento Internacional, británico y estadounidense. Duraron casi un siglo y explican el Bund, los plátanos de sombra y por qué esta ciudad no se parece a ninguna otra de China.

¿Qué tiene de especial el jardín Yuyuan?

Que está diseñado para que no puedas verlo de una vez: muros, puertas circulares y recodos colocados a propósito para que descubras el jardín por fragmentos y dos hectáreas parezcan infinitas. Es de 1559, lo pagó un funcionario para su padre y le arruinó. Es lo contrario exacto de un jardín europeo.

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